Coedición de lujo Renacimiento y Diputación recuperan el espíritu inicial de un libro legendario

Chaves Nogales y su exaltación de Belmonte regresan para siempre

  • El reportaje por entregas que el periodista sevillano dedicó al diestro se reedita con sus ilustraciones originales · La investigadora Maribel Cintas prologa la obra

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En 1935 la situación de la Segunda República era conflictiva. Manuel Azaña convence a su amigo, el periodista Manuel Chaves Nogales, para ofrecer un mensaje de calma a la sociedad española a través de la letra impresa. Ambos coinciden en que la figura de Juan Belmonte, triunfador en la torería y hombre hecho a sí mismo, podría ser un ejemplo de sencillez y aceptación de los propios límites en un momento en el que se exaltan las personalidades violentas. "Belmonte había realizado la única revolución posible: la de su vida personal a través de su oficio o su arte. Actuó como un auténtico héroe en todos los estamentos de la vida política española", explicaría el propio Chaves. El resultado de esta elección y de las muchas horas de charla y entrevista que mantuvieron sería Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas. Una obra periodística apasionante y el mayor logro literario de su autor, además de ser toda una declaración de su pensamiento sobre Sevilla y la España de los años finales de la segunda República.

El texto se publicó por primera vez en la revista Estampa en 25 capítulos, del 29 de junio al 14 de diciembre de 1935. Debido al interés que despertó en el gran público, inmediatamente se recopiló en libro. Conoció una inmediata edición por entregas en Argentina, donde el torero era ya muy popular (del 12 de julio al 27 de diciembre del mismo año), y en 1937 apareció su versión inglesa (Juan Belmonte. Killer of Bulls) en Toronto, Nueva York y Londres. En España, a partir de 1969, lo publicó la editorial Alianza, donde tuvo reimpresiones sucesivas hasta que en 1993 se incluyó en la Obra narrativa Completa de Chaves Nogales que publicó la Diputación sevillana. Tras una reciente edición prologada por Benítez Reyes en Libros del Asteoride, el Belmonte regresa ahora a las librerías en su versión definitiva gracias al esfuerzo de Renacimiento, el sello que dirige Abelardo Linares, y la Diputación. Para la filóloga Maribel Cintas, la gran especialista española en la obra de Chaves Nogales y autora del prólogo, la nueva edición "pretende justamente revivir aquel espíritu de los años 30, cuando los trabajos de Chaves iban ilustrados por los mejores dibujantes del momento, o acompañados de fotografías que mantenían al lector implicado en el hecho narrativo, atrapado en la imagen de los personajes cuyos actos se iban conociendo en el relato".

Abelardo Linares, responsable de esta hermosa obra de arte de más de 400 páginas, tapa dura y tipografía generosa, detalla que la edición va dirigida "a un lector cómplice, que se demore ante las páginas" y destaca la recuperación de las imágenes originales a cargo de dos de los mejores artistas españoles del siglo XX: Martínez de León, "sevillano y de izquierdas como Chaves Nogales, uno de los dibujantes con más carácter de su tiempo" y Salvador Bartolozzi, "el mejor ilustrador infantil de todo el siglo XX español junto con Rafael de Penagos".

memoria reivindicada

Este nuevo Belmonte marca además el inicio de una colaboración entre Diputación y Renacimiento gracias a la cual verán la luz en la colección Biblioteca de la Memoria otros trabajos periodísticos que Chaves Nogales publicó por entregas en los periódicos y revistas de la época. Aunque el catálogo está aún por definir, Abelardo Linares confía en que el siguiente volumen se dedique a la serie de reportajes sobre la Rusia prerrevolucionaria que dio origen al libro Lo que ha quedado del Imperio de los zares, donde Chaves incluyó fotografías y retratos de los supervivientes. También cree que podría recuperarse con este formato El maestro Juan Martínez que estaba allí, que salió en su día con ilustraciones de la época y donde un bailarín de flamenco que vivió la Revolución del 17 la rememora para el sevillano.

"Es el paradigma de periodista escritor con una gran capacidad para dar vida al material que toca. Retrata con viveza y sin adornos las cosas cotidianas, ya se trate de las fiestas andaluzas, la Alemania nazi, la caída de Francia o la situación de los braceros del sur español", reflexiona Linares, a quien le sorprende "esa aparente naturalidad de su prosa, tan jugosa. No es una prosa literaria como la de Gabriel Miró o Valle-Inclán. En él destaca la inmediatez, la prontitud".

En esa misma línea se posiciona Maribel Cintas, para quien "Chaves Nogales escribió la historia del mundo al mismo tiempo que ocurría con la misma clarividencia que se hubiese escrito hoy". Y es que a esta catedrática de Literatura de enseñanzas medias le gusta recordar que Juan Belmonte es en primera instancia una obra periodística elaborada por alguien con la maestría de un artista. "Decir esto en el siglo XX podría parecer poco, se supone que lo literario daría el marchamo supremo de calidad. Pero Chaves es un periodista, no un literato, al menos nunca lo pretendió. Y este libro es un reportaje en la mejor tradición periodística que saca los temas de la realidad, no inventa, no pretende ser ejemplarizante. La propia vida surte de material interesante como para que los límites entre periodismo y literatura se desdibujen. Y el siglo XX es sin duda el siglo de la consagración del periodismo como género amplio, ambicioso y capaz de responder a las preguntas más nobles y más concretas que pueda plantearse el ser humano".

Por todo ello, la también responsable de la edición de la Obra Narrativa Completa del cronista ha dedicado esta nueva publicación "a la memoria de Josefina Carabias, que mantuvo la luz de Chaves Nogales". "Josefina fue discípula confesa de Chaves y la autora del epílogo de la edición de Alianza, posiblemente la más conocida de todas. He querido hacerle así un homenaje especial, porque en mi infancia y adolescencia yo leía sus artículos en Informaciones y era para mí un modelo, antes de saber que trabajó y se formó con Chaves Nogales, a cuya obra me dedicaría con entusiasmo", explica Cintas.

Pero ¿qué Belmonte descubre el reportero si nunca había presenciado una corrida de toros? En las últimas líneas del libro, el propio diestro da la pista: "Yo no soy aquel muchachillo desesperado de Tablada, ni aquel novillero frenético, ni aquel dramático rival de Joselito, ni aquel maestro pundoroso y enconado.... La verdad, la verdad, es que yo he nacido esta mañana". Ese tono sentencioso resume el espíritu de esta obra, que no es una exaltación de la fiesta nacional, sino de la persona que encontró en el toreo la forma de ganarse la vida. Un Belmonte que resulta ser todo un hallazgo como personaje porque poseía, según Cintas, todos los rasgos que definen al pícaro. "Tuvo una infancia y adolescencia difícil, procedía de una familia desgarrada. Era un hombre hecho a sí mismo que salió de la nada y cuya vida fue una sucesión constante de esfuerzos para superar todos los obstáculos. Incluso su físico desafortunado lo convirtió en un ídolo atípico y próximo, verosímil e imitable".

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