Clásico español con cante flamenco

Baile, coreografía y dirección: Jesús Carmona. Baile: Ana Agraz, Lucía Campillo. Cante: Jesús Corbacho, José y Maka Ibánez 'Makarines'. Guitarra: Daniel Jurado, Óscar Lago. Lugar: Sala Joaquín Turina. Fecha: Jueves 4 de abril. Aforo: Tres cuartos.

Carmona es un hombre inteligente. Ha aprovechado su largo, dentro de su juventud, bagaje escénico en grandes formaciones antes de su obtención del Desplante Minero en el Festival de las Minas, galardón que le ha facilitado su debut al frente de su propia compañía de la que Cuna negra & blanca es su primera presentación. Ha montado una obra con ritmo, entretenida, potenciando sus virtudes, con números cortos y buscando la complicidad de dos excelentes bailaoras. La excepción fue el taranto. Carmona ha entendido que para bailar flamenco con enjundia es necesario descomponerse, romperse. Eso está lejos de la exacerbación física, que es lo que hizo en este número. Yo hablo de algo emocional, no físico. Carmona es un bailaor estilizado, perfecto, dotado para el clásico español. Por eso incluyó, con buen criterio, el coro de los Makarines en su obra. Los cantes mineros exigen otra actitud, como digo. La solemnidad de la soleá admitió mejor su estilo, también gracias al paso a dos.

Lucía Campillo fue una estupenda negra que se descompuso de la forma más graciosa en los fandangos, mientras que Ana Agraz estuvo poderosa, carnal y luminosa de blanco. Bailó con Carmona las sevillanas más alejadas del cortejo flamenco que he visto nunca: al fin y al cabo ya tenía un compañero de baile, que era el mantón. En este espectáculo las mujeres encarnaban el ideal femenino maternal, más que el erótico. La música de la obra es flamenca y el baile de Jesús Carmona es, en puridad, clásico español.

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