Conchita Ríos, vuelta al ruedo en noche de sobresaltos

  • Los aspirantes de la tercera novillada de promoción dejaron buenas sensaciones con un encierro de Hermanos Garzón que resultó complicado en su conjunto

El tercer festejo de promoción fue toda una sorpresa. Una novillada a la antigua usanza, con multitud de volteretas, en la que en su conjunto prevalecieron la garra y la casta de los alevines sobre las dificultades que ofrecieron los erales de Hermanos Garzón.

Conchita Ríos, una murciana de 17 años, alumna de la Escuela de su ciudad, dio la única vuelta al ruedo de la noche; si bien hay que precisar. Se la marcó tras un feísimo bajonazo en una plaza que -no me canso de censurar- apenas respetan. La novillera derrochó coraje y agallas y se lució en tres series con la diestra en las que se gustó ante el encastado tercero. Cuando toreaba con la izquierda sufrió una seria cogida; afortunadamente sin consecuencias. El novillo la lanzó por los aires y estuvo a punto de cornearla con el pitón izquierdo. No hizo carne. La aspirante se levantó enrabietada, mandando a su cuadrilla al callejón. Tomó la muleta, aunque no volvió a torear por ese pitón. El público quedó marcado por la aparatosa cogida y solicitó el trofeo. La joven torera empañó la faena con un horrible sartenazo.

Javier Ortiz, que abría plaza, natural de Puebla de Cazalla y alumno de la Escuela de Espartinas, dejó buenas sensaciones con la muleta, especialmente en una templada y bella serie al natural, con un novillo que se defendió, sin maldad, por su carencia de fuerzas.

El pacense Julio Salguero, de la Escuela de Badajoz, entendió bien al manso segundo, al que obligó por bajo y sacó buenos muletazos por el pitón derecho, el mejor.

El linarense Adrián de Torres, alumno de la Escuela de Jaén, estuvo en novillero de principio a fin, con un ejemplar manso y peligroso. Acabó con una paliza de órdago, sufriendo un revolcón y dos volteretas. Aguantó hachazos por doquier de un áspero novillo con un pitón izquierdo imposible.

El sevillano Daniel Muñoz también sufrió otra cogida, afortunadamente sin consecuencias. Faena desigual de un novillero todavía verde que vivió un calvario con el verduguillo -precisó de hasta 14 descabellos-. Alguien debería haberle animado a entrar a matar tras un pinchazo hondo y perpendicular que se veía que no había hecho mella en el astado.

El mexicano Sergio Flores, de la Escuela de Tauromaquia Mexicana, tiene valor y conoce el oficio. Recibió a su oponente con una larga cambiada de rodillas a portagayola. Y con la muleta, tras dos falleros en los medios, se mostró seguro. Torea despacio y tiene buen corte. Como su compañero anterior, estuvo desacertado a la hora de descabellar, por lo que su notable actuación quedó en una ovación.

El espectáculo resultó entretenido, con varios novilleros que dieron el paso adelante y dieron de sí cuanto tenían, sin importarles las volteretas.

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