Córdoba del vino y del aceite

  • Cómo disfrutar de una ruta cultural, paisajística y gastronómica a partir del vino de Montilla y del aceite de Priego con denominaciones de origen

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Hoy por hoy viajar en el tiempo es sólo posible en la ciencia-ficción. Contemplar cómo vivían nuestros antepasados romanos, visigodos o árabes en la Península es un sueño hecho realidad sólo en las películas y en nuestra imaginación. Sin embargo, el paso del tiempo nos ha permitido recrear una pequeña parte de este sueño, a través de las huellas arquitectónicas que han pervivido por los siglos en nuestras ciudades. Córdoba y toda su provincia es un enclave privilegiado de historia y pasado que siguen vivos hoy a través de sus calles, sus palacios y sus ruinas. Huellas que nos recuerdan que hace 2000 años ya fue capital de la provincia romana; tras la entrada musulmana en la Península Ibérica fue convertida en capital del Al-Andalus durante cinco siglos; y su importante comunidad judía fue una de las más activas intelectualmente del mundo.

Pero la historia de Córdoba no se conserva sólo a través de sus edificios, las tradiciones del pasado han pervivido también a través de sus campos, sus cultivos, su gastronomía. El aceite y el vino, han sido protagonistas de su economía desde hace siglos y siguen siéndolo hoy. Proponemos por tanto una ruta turística por el sur de la provincia cordobesa (comarcas de la Campiña y la Subbética) que abarca todos aquellos pueblos que enlazan Córdoba y Granada desde hace siglos y que conservan no sólo ruinas de un pasado bien distinto sino la tradición de seguir produciendo algunos de los caldos más preciados de toda la Península Ibérica: los vinos de la Denominación de Origen Montilla y Moriles y el aceite de oliva de la Denominación de Origen Priego de Córdoba. En esta ocasión no vamos sólo a mirar con ojos de turistas los antiguos edificios árabes o romanos sino que vamos también a oler y saborear los productos de la tierra tal y como lo hicieron nuestros antepasados.

Empezamos nuestro recorrido por la Campiña Sur cordobesa, 800 hectáreas dedicadas al cultivo de diferentes variedades de uvas entre las que destacan Airén, Moscatel, Pedro Ximenez, Torrontés y Baladí, bajo la Denominación de Origen Montilla-Moriles. Podemos hacer una primera parada en el municipio de Fernán Nuñez, a tan sólo 30 kilómetros de la capital cordobesa para contemplar su famoso Palacio Ducal (siglo XVIII), inspirado en la fachada del Palacio de las Necesidades de la capital portuguesa. Una de las dos torres que coronan el edificio está construida sobre los restos de la antigua fortaleza o torre de Fernán Núñez, que este capitán conquistó a los árabes. Conserva también los restos de un acueducto árabe sobre el curso del arroyo del Ventogil.

A 2 kilómetros de distancia encontramos Montemayor, un típico pueblo-fortaleza cuyas casas se escalonan en las laderas del cerro, al final del cual se sitúa un castillo y una parroquia. La actual población, de origen medieval, tiene raíces más remotas, ya que aquí se alzó la villa romana de Ulia. En este pueblo existe una gran afición a consumir otro de los productos estrellas de la provincia cordobesa: el garbanzo, con su plato más característico de potaje de garbanzo y bacalao.

A continuación llegamos a Montilla, donde merecerá la pena visitar alguna de las "catedrales del vino" donde reposan más de 70.000 botas, con sus descomunales naves y arquerías de sutil iluminación y atmósfera fragante. Destacan las siguientes bodegas y lagares con visitas programadas: Bodegas Alvear, Bodegas Cabriñana, Bodegas Cruz Conde, Bodegas Navarro, Navisa, Bodegas Pérez Barquero, Lagar Cañada Navarro y Lagar La Primilla.

Seguimos por la ruta califal, es decir, la vía que conectaba las dos ciudades más importantes del Al-Andalus, Córdoba y Granada, con parada en Aguilar de la Frontera, donde una gran fortaleza árabe nos demuestra la importancia estratégica y fronteriza que tuvo esta localidad en el Medievo, mientras que por su casco urbano se diseminan iglesias de gran interés, levantadas entre los siglos XVI y XVIII. Sin embargo, el monumento más representativo de Aguilar es su Plaza de San José, de peculiar planta octogonal y bella factura.

Aguilar tiene fama también por su exquisita repostería: merengás de café y fresa, el turrón, los borrachuelos, los roscos de San Blas (con sus tradicionales bulilis o lazos de variados colores). Las reminiscencias califales se encuentran en los risaos, compuestos de almendras, azúcar, yema de huevo y raspadura de limón.

Nuestra siguiente parada es Lucena, donde merece la pena visitar el Castillo del Moral, declarado Monumento Histórico Nacional, por haber sido prisión del último Rey de Granada, Boabdil. Presenta rasgos que evidencian los distintos avatares y cambios de propietarios y de las diversas circunstancias históricas por las que atravesó. Lucena fue también conocida en la Edad Media como Perla de la Sefarad o Ciudad de las tres culturas (árabe, cristiana y judía). De la época judía queda un elenco de pequeñas y estrechas calles en el centro de la localidad, alrededor de la antigua sinagoga, llamada la Judería (siglos IX al XI), muy anterior a la homónima de Córdoba (siglo XII). De la cocina sefardí nos ha quedado un plato que se conoce con el nombre de Adafaina, que no es otra cosa que un cocido al que echaban garbanzos, patatas, boniatos, carne, huesos, huevos, cebollas y diferentes especias.

Y llegamos ya a los pies de las sierras subbéticas, a Cabra, probablemente una de las poblaciones más antiguas de la provincia y con un patrimonio arqueológico más rico. Sobre construcciones romanas y visigodas se levanta el castillo árabe de Cabra, reedificado posteriormente para construir el actual castillo de los condes de Cabra y duques de Sessa, hoy convento de las Escolapias. Lo mejor: las formidables murallas de época islámica que aún hoy se conservan.

Terminamos nuestra ruta por el sur de la provincia en el Parque Natural de la Sierra Subbética, en los municipios de Carcabuey y Priego, productores del suave y afrutado aceite de oliva Denominación de Origen Priego de Córdoba. Ambos municipios son también antiguos asentamientos fronterizos de la época califal que conservan sus fortalezas. Destaca el castillo de Priego, por su austeridad y un cordón de murallas en todo su perímetro, flanqueadas por torres. En Priego podremos contemplar también importantes construcciones posteriores como las iglesias de la Asunción, de las Mercedes y de Nuestra Señora del Carmen; el barrio de la Villa (de inspiración musulmana); o las fuentes del Rey y de la Salud, declaradas Monumento Nacional; un impresionante patrimonio arquitectónico que le ha otorgado a la ciudad el seudónimo de "capital del barroco cordobés".

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