Corrida bajo el paraguas, con El Fandi a hombros en Castellón

  • El torero granadino corta dos orejas, y El Cordobés y Rivera Ordóñez consiguen un trofeo cada uno, si bien el segundo no quiso dar la vuelta al ruedo

Dos orejas y la correspondiente salida a hombros se llevó El Fandi en la inauguración de la feria de La Magdalena, una corrida vista por el público bajo el paraguas por la incesante lluvia a lo largo de la misma y en la que también El Cordobés y Rivera Ordóñez cortaron un trofeo cada uno.

Habrán tomado nota los empresarios del entradón después de un día entero lloviendo. Incluso arrancó el paseíllo con agua, aunque, eso sí, el ruedo estaba a esas horas en perfectas condiciones -en los tres últimos toros la cosa se puso peor-, y nadie rechistó.

La terna, a su manera, dio de sí lo que pudo. Toreros de la pana, que diría un revistero antiguo, por su sello populachero y los incondicionales que arrastran entre la masa menos docta. Pero en ninguno de los tres asomó la más mínima duda para suspender la corrida. Y con la que estaba cayendo.

Por cierto, un toque de atención a la llamada "autoridad competente" al consentir la celebración del festejo en condiciones tan incómodas para los espectadores. Si echan la corrida para adelante, al menos que el público pagano pueda tener la oportunidad de recuperar su dinero en caso de no querer mojarse. Importante laguna en el reglamento.

El Cordobés, bien con capote y muleta. Muy bien, habría que insistir, en el saludo capotero al que abrió plaza, toreando después con la muleta con gusto y parsimonia. La otra faena tuvo corte más estrafalario, incluidos los ranazos que acostumbra. Pudo haber abierto la Puerta Grande si no se deja escapar con los aceros la oreja del cuarto.

Rivera Ordóñez se arrugó en su complicado primero y sin embargo le plantó cara al temperamental quinto con ganas y entrega. Quizás esta vez pecó de largo metraje, pero lo hizo todo con mucha sinceridad. Mató mal, y esa pudo ser la razón por la que le protestaron el trofeo.

El Fandi, variadísimo con el capote en su dos astados. Muy templado en el primer recibo, con remate de media verónica echando las dos rodillas a tierra. En el sexto, larga de rodillas en tablas, y en la vertical verónicas y chicuelinas intercaladas, más chicuelinas al paso para llevar el toro al caballo, y quite por navarras con serpentina.

Ovacionadísimo con los palos, el último par al sexto fue el acabose, ligando un violín con dos banderillas al cuarteo sin irse de la suerte entre las dos intervenciones. Ya con la muleta bajó el diapasón, aunque puso mucha voluntad en las dos faenas. Mejor estructurada la última, no obstante, le faltó sentido de la medida. Pero la gente lo vivió todo en un clima de auténtico frenesí. Al fin y al cabo, y con la tarde de perros que hizo, es lo que cuenta.

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