'Crecer cantando, crecer soñando' o cómo educar a través de la música

  • El coro, formado por 140 adolescentes, presenta este sábado su espectáculo 'Katharsis' en el Teatro de la Maestranza.

Cuando hace nueve años 14 alumnos del IES Las Encinas, de Valencina de la Concepción, formaron el proyecto Crecer cantando, crecer soñando, nadie esperaba que llegaría el día en el que colgasen el cartel de entradas agotadas en el Teatro de la Maestranza. Pero ahora, años después de su fundación y con 140 integrantes provenientes de diferentes instituciones educativas, como la escuela de música Ian Murray de Aracena y el conservatorio elemental de Osuna, este sueño se ha hecho realidad. "Esto era algo que nunca habíamos imaginado. Va mucho más allá de nuestras expectativas", afirmaba ayer Javier Campaña, coordinador técnico del proyecto.

Katharsis es el nombre del espectáculo que presentan en colaboración con la asociación Batukavaleri, un grupo de percusión del IES Cavaleri. Este sábado el público del Maestranza asistirá a un recorrido musical que va desde la oscuridad trágica de Los Miserables hasta la luz de propuestas rítmicas como Moving de Macaco. "El objetivo es transmitir diferentes emociones a través del poder de la música, reconduciendo la pasión dramática del principio hacia la energía y el optimismo del final", explicaba Luis Dueñas, quien además de dirigir al grupo se encarga de hacer los arreglos musicales necesarios. En esta ocasión la propuesta musical es algo más ecléctica, mezclando diferentes tipos de música, pero en ediciones anteriores el proyecto se vertebró en torno a estilos concretos, como el pop rock con The show must go on! (2013) o los clásicos de las big bands con All that jazz! (2010).

Sin embargo, aunque se trate de un proyecto musical, desde Crecer cantando, crecer soñando recalcan que esto es sólo una excusa para alcanzar su verdadera meta: la educación en valores. "Los chicos están en edades muy conflictivas, en las que buscan reivindicar su personalidad y pueden sentirse algo perdidos. Este proyecto puede servirles como punto de apoyo", apuntaba Campaña, a lo que además Dueñas añadía "el caso de un chico con síndrome de asperger que asiste al coro por recomendación de su terapeuta como una vía para desarrollar sus habilidades sociales".

Manuel Martín lleva ya siete ños en el coro. Ésta será su última actuación porque ya tiene que irse de Aracena para empezar la Universidad. Pero que deje de ser miembro no significa que se desvincule totalmente. "He crecido dentro de esta gran comunidad. Para mí lo fundamental no es la música, sino la gente. No es un grupo ni un coro, es mi familia, y eso no se olvida", aseguraba emocionado.

La implicación de los jóvenes como Martín es fundamental para el buen funcionamiento del proyecto. Pero el compromiso de los padres, explican, es algo imprescindible. El coro está repartido entre Aracena, Valencina y Osuna, y aunque normalmente ensayan por separado coordinándose gracias a las nuevas tecnologías, de vez en cuando necesitan organizar encuentros para poner en común todo su trabajo. Es ahí donde entra en juego el papel de los padres que, al acoger en sus casas a los otros chicos, ayudan a que este proyecto vaya más allá de la música, convirtiéndose en toda una experiencia social y educativa.

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