Curro Romero: ýSiempre busqué la belleza, evitando el dramatismoý

  • El Faraón de Camas afirma que en su ingreso en la Academia de Bellas Artes de Sevilla ýhablaré con los sentimientos; para mí, el leer una cuartilla es tremendoý.

–Curro, ¿qué supone este nombramiento como académico?

–Para mí es una palabra que me impone respeto. Yo soy torero. Pienso que una de las Bellas Artes es el toreo. Y si con esta designación le dan sitio al toreo para mí es un honor. Lo acepto con todos los honores y lo comparto con todos los que componen nuestro mundo, desde los matadores a los  mozos de espadas. Creo que todos podemos estar contentos porque nos dan un sitio en la Academia.

–En su caso, considerado un torero artista, ¿qué ha querido expresar?

–Siempre he sido fiel a mis sentimientos. El artista nunca se debe traicionar. Y en ese sentido siempre he buscado la pureza y tras ella la verdad.

–¿Qué es el toreo?

–El toreo es arte por excelencia. En el toreo, un hombre elegido, elegido de Dios, llega y jugándose la vida transforma el dramatismo en un juego sedoso, en el que acaricia.

–¿Qué tiene de Bellas Artes?

–Todo. Con lo difícil y peligroso que es estar delante de un toro yo siempre busqué la belleza, evitando el dramatismo. He intentado con mi toreo de acariciar, de ser sedoso y buscar la belleza y hacerlo de tal modo que todo tenga armonía. He querido que aquello llegue al alma. Porque el toreo, como todas las artes, es fugaz. Y claro, cuando se da, eso queda en la retina y es muy bonito. Por su belleza, el toreo es una de las Bellas Artes.

–¿Qué diferencia a la tauromaquia?

–Yo pienso que todo artista que tiene personalidad y llega al público aporta un sentimiento. Y en ese sentido, cuando hablamos de arte, se habla de todo tipo de arte: de pintura, de música, de escultura y, también, de toreo. Porque todos los artistas tenemos algo en común y es que buscamos la emoción y la belleza para explicar nuestra verdad. Luego, cada uno lo manifiesta a su manera, el pintor en el lienzo, el músico con su música, el escultor con su obra y yo con mi toreo.

–¿Y el toreo es superior en algún aspecto?

–No digo que no. Pienso que emocionar delante de un toro y olvidarse del instinto de conservación no se produce en ninguna otra arte. Por eso es más difícil y la emoción para el espectador es más fuerte.

–Incluso dicen que la tauromaquia, el arte de lidiar toros bravos, es un milagro...

–Creo más bien que es una realidad, en la que se precisan unas extraordinarias facultades tanto mentales, para ser rápido a la hora de pensar delante de la cara del toro, como físicas, para ponerte delante de un animal que no sabes lo que te puede hacer. Muchos toreros hemos vivido fatigas de niño y hemos tenido sensibilidad para el arte. Lo que sucede es que no hemos tenido otro medio donde expresarlas. Y lo hemos hecho delante de un toro. Yo, en mi caso, siempre he buscado la belleza, los sentimientos, la plástica. Y eso es muy difícil porque tienes que pasarte al toro ni lejos ni tan cerca que te atropelle; sino con ritmo y con temple, y además hacerlo lo más despacio posible.

–Usted ha sido premiado con infinidad de galardones ¿Qué distingue a éste de los demás?

–Es el remate de una trayectoria el que la Academia de Bellas Artes me haya abierto las puertas. Es el premio más grande que he tenido en mi vida. Se lo debo a la afición, que siempre me ha esperado con ilusión y yo he vivido y me he preparado también con ilusión.

–En la votación, mayoría absoluta. Si hubiera sido político...

–(Sonríe) Sí. Tengo entendido que todo fue unánime. Que todos de acuerdo ¡Qué bonito!

–¿Cuándo dará su discurso de ingreso y qué abordará?

–Tengo entendido que será entre Semana Santa y la Feria de Abril. Será una cosa cortita. Hablaré con los sentimientos; para mí, el leer una cuartilla es tremendo. Así es que hablaré sobre la marcha. Y contaré lo que salga en ese momento sobre la verdad de mi toreo y lo que he sido como torero.

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