Demasiada actriz para tan poca obra

El cabaret es una tentación para una buena actriz. Enfrentarse a un público cercano, que interactúa y al que se le siente bullir delante tuyo es uno de los placeres que un actor no quiere perderse.

Moverse entre los espectadores, dirigirse a ellos de manera cercana, interpretar canciones con música en directo, poder cambiar el texto al hilo de una alusión y hacer referencias a personajes y situaciones contemporáneas son facultades que te ofrece el cabaret y que sólo excelentes actrices como es el caso de Virginia Nölting pueden acometer con éxito y hacernoslo disfrutar.

Acompañada de un pianista, Joaquín González, al que se le ha pedido que interprete y que sale muy airoso del envite, la Nölting (se merece el artículo delante del nombre) ofrece un buen surtido de recursos con los que nos engatusa y nos hace comer de su mano.

Virginia Nölting tiene una voz preciosa, modulada, perfecta. Y hasta aquí... puedo leer. Por que el problema de Ay hafa drim (ocurrente manera de transcribir 'I have a dream' y hacerla pasar por árabe)es que hay demasiada actriz para tan poca obra.

El personaje, que vive de y con los sueños, que canta como Ella Fitzgerald, que es mordaz con situaciones de la situación mundial y que se siente desesperadamente sola, nos llega gracias a su actriz.

Sin embargo, lo que dice va dejando de tener interés a medida que avanza la obra.

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