La discografía de serrat, con diario de sevilla

Detrás de su voz está la gente amiga

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La colección discográfica Serrat personal, que les ofrece en exclusiva Diario de Sevilla, prosigue esta semana su cita en los quioscos con dos discos, uno en catalán y otro en castellano. Los dos tienen canciones de las que entusiasman a los admiradores de Joan Manuel Serrat.

A los arreglos de los temas del disco Per al meu amic les puso su toque sinfónico el músico y director de orquesta Antoni Ros Marbá. Hoy dirige desde el foso del Teatro de la Maestranza el estreno del Don Giovanni mozartiano que produce el coliseo sevillano. En 1973 arropó a Serrat para dar vida a nueve canciones que éste creó en las largas esperas del rodaje de la película Mi profesora particular. Tenía de pareja en el reparto a Analía Gadé. Eran los años en que la industria del cine español intentó hacer de Serrat una estrella a través de la pantalla grande, como había logrado con Marisol e intentó con Julio Iglesias, Raphael, Manolo Escobar, etc. Pero Serrat no será recordado por las películas insustanciales en las que hizo (mal) de actor. Lo suyo es componer y cantar.

Per al meu amic (Para mi amigo), su quinto disco en catalán, es una propuesta intimista, cargada de sensibilidad. Cuando en España no se hablaba de ecologismo, un cantautor como Serrat ya bordaba canciones como Pare, un hermoso alegato sobre los desmanes del hombre cargándose la naturaleza: Padre, / donde no hay flores /no hay abejas, /ni cera, ni miel. / Padre, / que el campo ya no es el campo. /Padre /mañana del cielo lloverá sangre. /El viento lo canta llorando...

Del disco Bienaventurados, la canción que más se recuerda es la única cuya letra no es de Serrat. Para componer Los fantasmas del Roxy se inspiró en un cuento del novelista Juan Marsé. Un buen ejemplo de la facilidad de Serrat para enjaretar crónicas urbanas en el esquema de una canción.

El álbum es un canto a la bienaventuranza de la gente corriente. Dos de las mejores canciones son Llegar a viejo y Detrás, está la gente. En ambas coincide su sensible punto de vista hacia el olvido que propinamos a las personas cercanas. Para la primera, la motivación le vino al conocer el aumento de casos en que familias que se van de vacaciones meten a sus abuelos en los hospitales de la Seguridad Social. Para la segunda, la inspiración le fluía por el cúmulo de noticias en que las estadísticas y las políticas se convierten en valores absolutos de la vida pública, como árboles que no dejan ver el bosque de quienes quedan reducidos a la condición de número.

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