Donizetti y el drama romántico

A principios de los años 1830, Gaetano Donizetti empezó a sentir con fuerza la seria competencia que para su estilo, más espectacular y rudo que refinado, suponían las obras de Bellini, un auténtico estilista, modelador de las melodías más exquisitas y de las escenas más líricas y arrebatadas. El resultado más visible de esa nueva preocupación fue Lucia di Lammermoor, su drama musical más conseguido y una de las obras más imperecederas de todo el repertorio belcantista.

Para empezar a ganarse al público, lo primero era dar con un sujeto lo suficientemente popular y Donizetti lo encontró en La novia de Lammermoor, novela de Walter Scott, famosísima en la época, sobre dos familias secularmente enfrentadas en la Inglaterra medieval, que Salvatore Cammarano adaptó para él concentrando la acción en la historia de amor imposible entre Lucia (una Lammermoor) y Edgardo (un Ravenswood). Todos los ingredientes del drama romántico estaban presentes en el libreto: el bosque, el castillo, rivalidades ancestrales, cartas engañosas, traiciones, juramentos, un dúo de amor a la luz de la luna, bodas forzadas, celos, crimen, locura, suicidio...

Con todos aquellos elementos, Donizetti creó el drama romántico belcantista por excelencia. Si las armonías no alcanzan aún la altura del refinamiento belliniano y algunas vulgaridades pueden seguir encontrándose aquí y allá, el trabajo melódico resulta imponente y la fuerza teatral de las situaciones atrapa sin remedio al espectador, por más que la sensibilidad que alimentaba aquel tipo de melodramas esté hoy lejos de la nuestra. Donizetti consiguió además algunos números absolutamente magistrales, como el sexteto del segundo acto o la celebérrima escena de la locura, que aunque no era la primera de la historia de la ópera se convirtió en su gran paradigma para el futuro.

La obra se estrenó el 26 de septiembre de 1835 en el San Carlo de Nápoles con extraordinario éxito, que encontró continuidad en su rápida difusión por el mundo y su permanencia en repertorio desde entonces. Ofrecemos una estupenda producción del año 2003, realizada para el Teatro Carlo Felice de Génova por Graham Vick, quien a través de una puesta en escena realista, un decorado de notable impacto visual y un hábil movimiento de actores capta a la perfección la sucesión de atmósferas expresivas en que se desarrolla el drama. La dirección de Patrick Fournillier, convulsa, agitada, intensa, muy teatral y el magnífico elenco (Stefania Bonfadelli, Marcelo Álvarez y Roberto Frontali componen el trío protagonista) terminan por completar una sesión operística de altísimo voltaje.

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