Dura crítica a la situación del teatro

Dirección: José Pedro Carrión y Jesús Castejón. Intérpretes: José Pedro Carrión y Valery Tellechea. Música: Mariano Díaz. Iluminación: José Manuel Guerra. Vestuario: Ana Garay. Sastrería: Cornejo. Equipo técnico: Enrique Pérez y Adriana Guerrero. Lugar: Sala La Fundición. Fecha: Jueves 27 de septiembre de 2012. Aforo: Medio.

Júbilo terminal está planteada como una paradoja que nace en su título y que, posteriormente, se desarrolla durante la hora y cuarenta minutos en los que José Pedro Carrión y Valery Tellechea se enfrentan en un complejo juego de teatro y realidad. El teatro tomado como eje de la vida particular. La vida del actor inmersa en los papeles que interpreta, convertidos en su única verdad y la contraposición de la realidad, con sus políticas y bajezas, que circunda y condiciona el teatro.

Dos personajes que se parecen descaradamente a sus intépretes. Por un lado, un veterano actor que acaba de recibir un homenaje en el que bien podría haber estado interpretando a sus personajes favoritos, Puck, Hamlet, Cyrano, Lear. Por otro, una joven actriz que siente devoción por él pero que, a su vez, tiene mucho que echarle en cara ante la situación en la que se encuentra el teatro en la actualidad, crisis, paro y pérdida de horizontes.

Lo que parece el canto del cisne de un grande del teatro se va convirtiendo en una radiografía dura, certera y sin ambigüedades sobre la crisis económica en la que estamos sumidos aplicada, en este caso a la industria teatral.

Carrión y Castejón (directores) no hacen concesiones. Enhebran un texto a partir de los grandes clásicos que, a veces, resulta difícil de seguir y se convierte, por momentos, en un recital a cargo de uno de los mejores actores de nuestro país, el mismo Carrión. En su ayuda acude el papel de Valery Tellechea que, aunque en principio parece sólo una apoyatura del maestro acaba convirtiéndose en el eje central de la obra saliendo muy airosa del enfrentamiento con José Pedro Carrión.

Metateatro del que disfrutan los teatreros y crítica furibunda al paniagüismo en el que ha vivido el mundo del teatro, incluido nuestro actor, y que ahora, junto a la estatua de pies de barro en que se ha convertido nuestra economía, cae con ella.

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