Arte

Escenografía de la lectura

  • Simón Zabell vuelve a explorar el ámbito cotidiano del hogar en una exposición que reúne textos literarios del recientemente fallecido Alain Robbe-Grillet

La muerte de Alain Robbe-Grillet convierte la exposición de Simón Zabell en una suerte de inesperado homenaje al novelista francés. Esta exposición cierra la trilogía de Zabell sobre sus novelas, iniciada con El mirón y La celosía. En esta ocasión la novela elegida es La casa de citas.

En su trayectoria, Zabell siempre ha valorado el hogar como ámbito cotidiano y, por tanto, el espacio, tanto como parte de la obra como en el que ésta se instala e incluso jugando con las dos realidades y confundiéndolas. En los últimos tiempos su obra se acompaña de la lectura, del uso de obras literarias en las que la descripción del espacio crea nuevas corrientes de interacción con la obra plástica y su instalación. Además de Robbe-Grillet también ha utilizado a Borges, escritores que se conocieron en Buenos Aires, muy probablemente en la casa de Victoria Ocampo en San Isidro, que es la referencia que Robbe-Grillet usa para construir el suntuoso burdel de Hong Kong, ciudad en la que parece que el escritor francés no estuvo nunca.

Más que enjuiciar el uso que Zabell hace de la novela, habría que señalar la fijación por el autor francés. Robbe-Grillet es uno de los máximos representantes del nouveau roman, que a principios de los 50 se planteó renovar la novela desde la extrema precisión de las descripciones y el total abandono del tratamiento psicológico de los personajes. Cuando Zabell se fija en él, el movimiento está totalmente superado y el autor bastante olvidado, recluido, si acaso, a las cátedras de literatura francesa. Pero en su intento vanguardista de renovar la literatura desde lo puramente literario podemos encontrar similitudes con las intenciones de Simón Zabell, y entender su utilización de las vanguardias plásticas, sobre todo la gramática minimalista del espacio.

Lo sorprendente de la propuesta es que actualiza estas cuestiones desde la pintura; una pintura de apariencia distante y fría -en ocasiones anteriores ha llegado a utilizar incluso el gotelé- pero que en la exposición se calienta con la lectura de los cuadros sobre la lectura.

En Espacio Iniciarte, prácticamente oscuro, sólo los cuadros están iluminados, vamos avanzando en el progresivo desvelamiento del espacio y sus accidentes sugeridos por la lectura de la novela. En el primer tríptico, después de la advertencia del escritor en la pared, nos encontramos con las páginas del libro pintadas, letra a letra, y cuya última parte aparece la silueta de la mano sosteniendo el libro. Estamos leyendo ya dentro de la lectura cuando llegamos a la capilla de la izquierda, la única zona iluminada de la sala, en la que en un gran cuadro empiezan a aparecer espacios y motivos descritos en las páginas de la novela. La progresiva aparición de nuevos elementos: sillas, vegetación (el jardín de la casa también es importante en La casa de citas) en los restantes cuadros va ganando terreno al texto, que se diluye o esconde tras los objetos figurados. Estos cuadros vuelven a estar a oscuras, sólo iluminados con luces dirigidas que nos posibilitan ver el cuadro a la vez que los ocultan en el espacio de la imaginación que la lectura en soledad produce.

La exposición se completa con una gran pieza escultórica que representa la planta de una habitación de la casa de Hong Kong en la que se han pintado e iluminado referencias a los hechos narrados en la novela en el lugar en el que ocurrieron y que en la exposición de Simón Zabell siguen ocurriendo, sólo es cuestión de leerlos.

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