Fallece a los 85 años Sergio Pitol, premio Cervantes y maestro de las letras mexicanas

Sergio Pitol escribió su primer texto a los 24 años. Se encerró en una cabaña en Tepoztlán, un pueblo del centro de México donde no había ni luz eléctrica, se hizo acompañar por libros de Henry James y Quevedo y ahí escribió el relato Victorio Ferri cuenta un cuento. La pasión por la literatura, sin embargo, le venía de mucho antes. Huérfano desde pequeño, el escritor, traductor, diplomático mexicano y Premio Cervantes 2005, que falleció ayer a los 85 años, fue criado por una abuela que se pasaba las horas leyéndole novelas de Julio Verne.

Desde muy joven fue un viajero incansable: primero con la imaginación, a través de esos libros de aventuras que leía de niño, y más tarde gracias a sus trabajos como diplomático. En esa faceta fue agregado cultural y consejero en las embajadas de México en Yugoslavia, Polonia, Francia, Hungría y la Unión Soviética. "Soy hijo de todo lo visto y lo soñado, de lo que amo y aborrezco, pero aun más ampliamente de la lectura", decía el autor de libros como El mago de Viena, Vals de Mefisto o El desfile del amor.

Pitol tradujo al español obras de autores como Henry James, Jerzy Andrzejewski, Witold Gombrowicz y el chino Lu Xun. Era un admirador de la literatura rusa y sus figuras tutelares fueron Gógol y Chéjov sobre todos los demás.

Su paisano Jorge Volpi lamentó su muerte y destacó su talento para "romper con las fronteras" de los géneros. Fue, añadió el reciente Premio Alfaguara, "uno de los escritores más importantes en lengua española de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI".

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