Cultura

Fellini y Picasso: la matriz imaginaria

  • El Museo Picasso presenta en su primera muestra temporal del año las confluencias e inspiraciones que compartieron dos genios visionarios del siglo pasado

El cineasta Federico Fellini soñó en cuatro ocasiones con Pablo Picasso, o al menos dejó constancia de estos cuatro episodios en El libro de los sueños, la obra proteica, hecha a base de trazos y dibujos, en la que trabajó a lo largo de más de 30 años y donde dejó constancia de sus ensoñaciones nocturnas. Fellini escribió la anotación respecto al último de estos cuatro sueños en 1980 (los tres anteriores habían sucedido en 1962, 1967 y 1968). En él, un Picasso "algo más desmejorado" se acerca al director y no deja de hablarle. En su discurso, cómplice y un tanto atropellado, Picasso le insiste: "No te distraigas". En aquel 1980, Fellini había cumplido 60 años y el artista malagueño llevaba siete años muerto. Pero este "No te distraigas" resulta bien esclarecedor del modo en que Fellini asumió a Picasso como un guía, un modelo, un alimento de su propio trabajo. "Siento la necesidad de Picasso. Él me da fuerza, me indica el camino, pone los cimientos para que yo continúe", afirmó una vez.

No hay constancia de que ambos se conocieran personalmente (coincidieron en alguna ocasión en el Festival de Cannes, como en la gala de entrega de premios de 1957, donde Giulietta Masina se llevó el premio a la mejor actriz por su trabajo en Las noches de Cabiria y Jean Cocteau ejercía de presidente del jurado con Picasso siguiéndole la pista bien de cerca; sin embargo, no hay testimonios de ningún tipo de conversación que ambos pudiesen entablar para aprovechar la ocasión, ni un mínimo saludo; Cannes volvió a servir de potencial punto de encuentro hasta en dos ocasiones más, en las que ambos coincidieron sobre la misma alfombra roja, pero por pudor o por cuestiones del destino el encuentro nunca se produjo, o si lo hizo fue con categoría de secreto de Estado), aunque Fellini siempre admitió esta poderosa influencia. En aquella inscripción de 1980, aunque se trataba ya del cuarto sueño, Fellini empleó por primera vez una fórmula tan elemental como elocuente: "Sueño con Picasso". Ahora, Y Fellini soñó con Picasso es el título de la nueva exposición temporal del Museo Picasso de Málaga, la primera del año, que se inauguró ayer y que podrá verse hasta el 13 de mayo como revelación de las confluencias entre ambos.

Isaki Lacuesta ilustra en un documental rodado para la ocasión todos estos vínculos

La comisaria de la exposición, Audrey Norcia, explicó que el proyecto tiene su origen en las menciones picassianas de El libro de los sueños de Fellini, pero también en las coincidencias vitales y creativas de "dos de los artistas que ejercieron una mayor influencia en su tiempo". Más allá de las referencias explícitas que hace Fellini de la obra de Picasso en películas como Il bidone (1955) y la celebérrima La dolce vita (1960), en las que el italiano acude a obras concretas de Picasso para ampliar su imaginario particular, es en Satiricón (1969) donde, según Norcia, Fellini hace gala con mayor intención de su deuda con Picasso "al proponer una arqueología que revela las propias raíces de la civilización y que apunta desde aquí al mismo futuro de la creación artística". La antigua Roma, que tanto inspiró a Fellini para revolucionar de arriba a abajo el séptimo arte como mecanismo más cercano a la imaginación que a la representación, entronca directamente con la mitología y la cultura clásica que dio las primeras pistas a Picasso para aplicar al lienzo un trazo definitivamente rompedor; tanto, que significó para muchos el mismo final de la pintura: "Ambos recorrieron caminos vitales y artísticos distintos, pero coinciden en una dimensión única de la genialidad: los dos llegaron a niveles de experimentación inéditos", apuntó la comisaria.

La exposición reúne pinturas, dibujos y obra gráfica de Picasso (procedente en su mayor parte de los fondos del Museo Picasso) en diálogo con dibujos de Fellini, guiones originales como el de La dolce vita y la edición primera de El libro de los sueños (además de una edición en facsímil para su libre consulta). La muestra se completa con una sala de cine habilitada para la ocasión en la que se proyecta un documental de 22 minutos de duración de Isaki Lacuesta sobre los vínculos entre Fellini y Picasso, narrado por Emma Suárez y coproducido por el Museo Picasso y el Festival de Cine de Málaga.

A simple vista, y en un orden plástico, entre los elementos comunes a ambos creadores que pueden encontrarse en la muestra destacan las huellas que conducen desde los arquetipos femeninos picassianos hasta la omnipotente figura de la mamma italiana en Fellini (véase el correlato entre la Mujer con sombrero rojo que pintara Picasso en 1965 y la Mujer con sombrero de hada que dibujó Fellini en 1990). Sobre el particular afirmó el director de Ocho y medio en su momento: "En nuestro país hay una verdadera idolatría de la madre; mamás, madrazas, grandes madres de todo tipo dominan con una fascinante iconografía nuestros firmamentos privados y públicos: madre virgen, madre mártir, mamá Roma, madre loba, madre patria, madre iglesia". No hace falta insistir en que esta idolatría es una cuestión antropológica, verdaderamente clásica en su condición de argamasa de la civilización por cuanto en la Antigüedad era el culto a la mamma el que determinaba los distintos órdenes sociales, políticos y económicos. Fellini recreó en sus dibujos, al igual que en sus películas, aquellas Venus tremendamente fértiles, de pechos enormes y de cuyos vientres nacía el mundo una y otra vez como promesa de prosperidad y bienestar; exactamente como había hecho algunas décadas antes un Picasso que había puesto en la generosidad del Mediterráneo su punto de mira. Ambos compartieron esta matriz, llamada imaginación, hasta las últimas consecuencias: el hijo que nació de aquella cópula fue, al fin, un arte profundamente moderno.

En el primer sueño donde Fellini registra la llegada de Picasso, en 1962, el director y Giuletta Masina reciben la invitación del pintor, quien los atiende en una pequeña cabaña y cocina para ellos una tortilla. En el segundo, que Fellini narra en su libro en 1967, el cineasta se encuentra en una playa y encuentra a Picasso nadando, mar adentro. Aunque únicamente llega a vislumbrar su cabeza, Fellini llama a Picasso; éste se da la vuelta y le responde en clave cuasi mesiánica: "¡Ven conmigo! ¡Vamos, sígueme!". Para Audrey Norcia, la tortilla del primer sueño remite al huevo, "y éste al origen, a la creación primera, pero más aún al alimento que Fellini busca para acrecentar su obra y que encuentra en Picasso". En cuanto al mar abierto del segundo sueño, el símbolo es bien claro: "Fellini tiende a soñar con Picasso en momentos de crisis, cuando más duda de su capacidad. Aquí, Picasso le anima directamente a seguir adelante". Para el director italiano, tal y como manifestó en su obra, los sueños eran una cosa muy seria: su psicoanalista, Ernst Bernhardt, era discípulo de Carl Gustav Jung.

Más allá de los sueños, tanto siguió Fellini la huella picassiana que, tras rodar Satiricón, cuando decidió trasladarse a París, se instaló en la misma calle en la que había vivido Picasso en 1917. Dios los cría y ellos se sueñan.

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