Fiesta brasileña en San Jerónimo

  • La Asociación que preside Candice Simoes hizo una primera toma de contacto para aglutinar a los más de 2.000 brasileños que residen en Sevilla, colectivo que ha crecido espectacularmente

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En Sevilla viven más de 2.000 brasileños. Un colectivo importante que ayer dio el primer paso para tomar conciencia de su peso cultural y demográfico. La Asociación que los agrupa, sin sede física pero con mucho entusiasmo y ganas de hacer cosas, los convocó en el parque de San Jerónimo a una jornada festiva.

"Nos hace falta un consulado en el sur de España", dice Candice Simoes, 35 años, brasileña del sur de Brasil, de Porto Alegre, y presidenta de la Asociación que quiere reunir a sus compatriotas. Candice tiene una academia de Lengua Portuguesa, el idioma oficial de Brasil gracias al Tratado de Tordesillas, y cree que ese factor idiomático es fundamental en el notable incremento de los brasileños que en los tres o cuatro últimos años han venido a Sevilla.

El español se ha incorporado desde la llegada de Lula da Silva a la presidencia de la nación a los planes educativos de Brasil. "Muchos estudiantes brasileños han venido a la Universidad de Sevilla para terminar su doctorado". No sólo eso. Es una de las Universidades europeas con una mayor presencia de americanistas en su claustro de profesores.

Ayer en el parque de San Jerónimo se impartieron otra serie de disciplinas. Hubo actuaciones musicales, campeonatos de fútbol, "en Brasil eso no podía faltar", dice la compatriota de quienes ganaron los Mundiales de Suecia 58, Chile 62, México 70, Estados Unidos 94 y Japón y Corea 2002. También tuvieron lugar exhiciones de samba y capoeira. Y en los mostradores se sirvió la caipirinha, bebida nacional.

Candice Simoes vino a España con 14 años. Su padre, geólogo de profesión, se trajo a la familia. Antes de llegar a Sevilla, la presidenta de la Asociación vivió en Salamanca y Huelva, donde se casó con un choquero. "Buena parte de los brasileños que venimos aquí nos casamos con españoles o españolas. El mestizaje es parte de nuestra cultura. Somos totalmente permeables, una cultura históricamente hecha de mezclas".

Ha sido una toma de contacto a la que seguirán futuras iniciativas. En febrero quieren presentar una de sus mejores embajadas: el Carnaval. A diferencia de otras comunidades, no hay un oficio hegemónico. "Lo mismo hay médicos que ingenieros, puedes encontrar un albañil o un peluquero brasileños". Lo que nunca faltaron son los futbolistas. Siempre hay brasileños en alguno de los dos equipos de la ciudad. Y en el Mundial del 82, Sevilla fue sede de la torcida brasileña, cuyo espléndida selección -Zico, Sócrates, Junior, Toninho Cerezo- hizo suyo hasta el manque pierda de sus anfitriones de Heliópolis.

El pabellón de Brasil en la Exposición Iberoamericana de 1929 fue la primera sede académica de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, que compartió aulario con la Escuela de Aparejadores. Un brasileño de Pernambuco, Joao Cabral de Melo Neto, poeta que llegó a figurar más de una vez entre los candidatos al Nobel, fue cónsul de su país en Barcelona y en Sevilla. A esta ciudad le dedicó libros como Andando Sevilla o El crimen de la calle Relator.

En el parque de San Jerónimo, todos se sumaron a la fiesta brasileña. Bailaban las camareras que servían la cerveza carioca; bailaban las hijas de los matrimonios mixtos. A esta puesta de largo acudió Pintinho, un caso de futbolista que quedó atrapado por el embrujo de la ciudad. Su estela deportiva fue brillante -el aficionado no olvida los cuatro goles que le marcó al Zaragoza en La Romareda la tarde que debutó Francisco López Alfaro en el Sevilla-, pero a esa notable trayectoria le añadió una presencia civil de puente entre ambas culturas, entre una y otra orilla del océano Atlántico, ese mar que conoce los dos idiomas que se hablan en casa de Saramago.

El huevo de Colón que los rusos le regalaron a Sevilla fue testigo de esta fiesta brasileña más lúdica que reivindicativa. Más luminosa que agraviada. "Estamos muy a gusto en Sevilla, en toda Andalucía", dice Candice Simoes, que lleva más tiempo en España que en Brasil y que está al frente de la Asociación que pretende unir esas dos palabras en un consulado oficioso de samba y afecto.

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