Francia distingue a Gregorio Marañón como comendador de la Legión de Honor

  • El primer ministro, Manuel Valls, impone la condecoración al presidente del patronato del Real

El presidente del patronato del Teatro Real de Madrid, Gregorio Marañón, fue distinguido ayer como comendador de la Legión de Honor por el primer ministro francés, Manuel Valls, en un acto que se celebró en su residencia oficial, el palacio de Matignon. La ceremonia de imposición de uno de los más altos reconocimientos de la República francesa tuvo lugar de forma extraordinaria en Matignon, ya que no es habitual que sea el propio primer ministro quien imponga la condecoración.

Gregorio Marañón recibió esta condecoración del Gobierno de Francia en reconocimiento a su contribución al fortalecimiento de las relaciones de amistad hispano-francesas y por, entre otras destacadas actuaciones en el ámbito cultural, su respaldo a la presencia del repertorio operístico francés en el Teatro Real.

En declaraciones a Efe, Marañón mostró su agradecimiento al jefe de Gobierno y a Francia, "un país generoso en sus reconocimientos". El abogado y académico español evocó una infancia y una juventud profundamente marcadas por la cultura francesa. "Durante la dictadura, Francia era la referencia de los exiliados, y el cine, la literatura y el pensamiento francés, desde Camus a Sartre, de Duverger a Maritain, de Char a St. J. Perse, configuraron mi manera de entender la vida desde muy joven. Desde entonces, mi conexión con Francia ha sido permanente", señaló Marañón. Esa sintonía con el país vecino le lleva a considerar que, "sin Francia, la dictadura en España habría sido más insoportable. Era, en cierta medida, un pulmón de oxígeno".

En momentos de gran zozobra para la construcción europea, Marañón reclama que "se reanime la presencia cultural francesa", ya que este país tiene "una importancia fundamental" para la creación de una identidad europea. Precisamente a ese respecto, el también escritor observa en Francia un ejemplo para la España democrática. "El principal problema de la vertebración de España es de identidad nacional. Lo que configura un país es compartir una cultura y una historia. Soy crítico con que en la Transición se dejara abierto el proceso de descentralización, y también con la transferencia de la educación a las 17 comunidades, que han conformado otros tantos relatos identitarios", dijo, antes de considerar que el modelo educativo francés contribuye a su cohesión nacional.

Como presidente del patronato del Real -la tercera institución cultural más valorada de España según un reciente estudio-, apostó por un proyecto artístico muy ambicioso y por la "participación activa de la sociedad civil en la institución, contribuyendo decisivamente a su financiación".

Al tiempo, se mostró partidario de "un sistema fiscal de desgravaciones que incentive este apoyo de la sociedad civil al mundo de la cultura. El que prueba la cultura, sabe que es adictiva", bromeó al respecto del atractivo que pueden ofrecer los patrocinios a las empresas. En España, opinó, no faltan gestores culturales, sino un marco institucional adecuado para que ejerzan su labor, y citó la experiencia del Teatro Real como un ejemplo de una gestión que ha estado al abrigo de los cambios políticos.

Del Real, que tiene al Grupo Joly entre sus patrocinadores, destacó el "papel esencial" que desempeñó Gerard Mortier -intendente del espacio entre 2010 y 2013- en la ópera europea y dijo que ésta "ha pasado de ser un espectáculo exclusivamente lírico a constituir una verdadera dramaturgia que provoca e interpela, divierte y hace reflexionar. La ópera es algo más que pura diversión. Gran parte de su renovación proviene del mundo escénico", señaló.

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