Crítica de Música

Fuego para los Borbones

La llegada al trono, con el nacimiento del siglo XVIII, de la dinastía aún hoy reinante en España significó el desembarco en la corte de la fogosa música italiana que anegaba entonces Europa, y aun décadas después Madrid siguió importando de allá músicos como Scarlatti y Corselli.

Las interpretaciones hicieron anoche plena justicia a esa vibrante música: lejos de la contención de Mosaïques el día anterior, Mercero y su grupo arriesgaron en el timbre y las dinámicas -sin miedo a romper a veces el sonido- para plegarse a la expresividad de las experimentales cantatas del joven Scarlatti, y para responder a las altas exigencias violinísticas de la virtuosa -y muy bella- sonata de Corselli, que compensaba su prescindible cantata de la primera parte. Muy variado en ataques y en la articulación, las expectativas hacia su inminente Bach serán altas.

Lejos de la contención de Mosaïques los de Mercero arriesgaron

Bien pegada expresivamente a la letra, Alicia Amo lució su belcantista voz y su técnica impecable. Los agudos, brillantes, levemente vibrados y ya más controlados que en su penúltima visita, sacrifican la inteligibilidad de las vocales (y por tanto de los textos) en aras de la homogeneidad y la mucha belleza de su timbre. Sorteó con facilidad las abundantes agilidades y los amplísimos saltos de Scarlatti, convenció con presencia escénica en los recitativos y su acre registro grave respondió con plenitud en volumen.

Bien trabajado el programa -han grabado dos discos con esta música-, la conjunción de Mercero y Aguado fue impecable y el continuo de Ruiz, García-Bernalt y de Mulder tan sólido y eficaz como suele.

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