arte

Furia y exaltación de Jan Fabre

  • El CAAC acoge 'Estigmas: acciones y performances', la mayor restrospectiva dedicada en el país al artista visual y creador teatral belga, que dio sus primeros pasos en el campo del arte de acción

Radical y propenso a la desmesura, polifacético o más bien inclasificable, poseído por una energía que se balancea entre la furia y la exaltación, siempre con aires de incorregible enfant terrible pese a sus 60 años, Jan Fabre es bien conocido en España por los aficionados al teatro y la danza en sus expresiones más contemporáneas y desafiantes, pero tal vez lo sea de manera más especial en Sevilla. Al frente de la compañía Troubleyn, el artista belga ha presentado desde su primera visita a la ciudad en 1999 hasta nueve obras en el Teatro Central, la más reciente (Belgian Rules) el pasado mes de octubre, aunque desde aquellas 24 dionisíacas y apabullantes horas que se vivieron sin interrupción en el teatro de la Cartuja en marzo de 2016 ya siempre habrá que referirse al monumental hito que supuso su Monte Olimpo, tour de force en torno a los clásicos ineludibles de la tragedia griega que, muchos meses después, llevó también a Madrid, reavivando e incluso amplificando notablemente -cosas de la capital...- el interés por su trabajo. Por todo ello, Estigmas: Acciones y performances, 1976-2017, la exposición que inauguró ayer el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (y podrá visitarse hasta el 2 de septiembre), está llamada a ser la de mayor resonancia de su presente temporada.

Argumentos no faltan. Para empezar, es la mayor retrospectiva de Fabre celebrada hasta la fecha en España, con más de 800 piezas. Y sobre todo, más allá de ese gancho de pegada inmediata, porque permite conocer las singulares claves de un artista que, mucho antes de llegar a articular el poderosísimo lenguaje teatral y dancístico por el que es mayormente conocido, comenzó a explorar su universo y sus obsesiones por medio de la pintura, la escultura, la instalación y -muy por encima de cualquier otra vía de expresión- la performance. "Si miramos mi obra como si fuera una mariposa -explicaba ayer en su característico inglés de acento bronco e impetuoso-, las artes visuales serían un ala y el teatro, la otra. Pero el cuerpo, y lo que alimenta esas dos facetas, son las artes performativas. Durante los años 70 y 80, mi experiencia en ese campo me ayudó a formarme como dramaturgo, puede decirse que en mis primeras obras están ya las reglas de mi teatro. Y por otro lado mis esculturas o mis instalaciones partieron siempre de la investigación con mi propio cuerpo en distintas performances".

Tengo la impresión de que, al menos en mi país, el feminismo ha sido capitalizado por la extrema derecha"

El código fuente, pues, estaba ya ahí desde el principio. Y al principio estaba la supervivencia en las calles más turbias de Amberes. Ha dicho alguna vez Fabre que de joven le gustaba sentirse "un delincuente del arte". Lo cual define a la perfección en su sentido figurado su concepción visceral del arte y su discurso de mordaz y vocacional outsider en el mundillo artístico, pero funciona también en el plano literal. Ante las dificultades económicas de sus padres, para poder costearse sus estudios artísticos y los materiales indispensables, el joven Fabre trabajó en bares los fines de semana pero, dado que aun así no le alcanzaba el dinero, desarrolló en paralelo una breve carrera de ladrón "bastante hábil". "Entraba en chalés y me llevaba todos los objetos de valor que podía", explicó ayer, sin mayores aspavientos, con la mayor naturalidad. En las cuatro primeras mesas de la exposición, de hecho, se muestran sus viejas herramientas de trabajo: martillos, punzones y otros artilugios metálicos.

En esa etapa muchas veces violenta (estuvo dos veces en coma a causa de peleas callejeras) comenzó a interesarse por el arte de acción. "El primer motivo fue mi experiencia con la ley de la calle basada en la fuerza física y mental. Y por supuesto la belleza y el riesgo de los robos. El segundo motivo es que siempre tuve la sensación de estar viviendo un tiempo prestado. El tercer motivo tiene que ver con los ejercicios de la escuela de artes decorativas a la que iba: teníamos que montar escaparates en grandes almacenes, y ahí tuve la intuición de quitar los maniquíes y reemplazarlos por mi propio cuerpo. El cuarto motivo es que, en la mismo época, visité una exposición de maestros flamencos en Brujas sobre el tema de los estigmas y las flagelaciones. Supuso un shock físico y mental. Vi la performance incluso antes de ser saber lo que significaba la palabra", explica Fabre a Germano Celant, comisario de la muestra, en una amplísima entrevista que recoge el catálogo de la misma.

De esa última experiencia surgieron sus primeros dibujos hechos con su propia sangre para la serie Mi cuerpo, mi sangre, mi paisaje. Desde 1978 hasta hoy, al menos una vez al año se corta la piel con una cuchilla y dibuja con su sangre palabras y símbolos. Una selección de estas piezas forma uno de los apartados de la exposición, que se divide en cinco bloques temáticos o conceptuales más y se presenta en un montaje casi laberíntico, lleno de mesas sobre las cuales y alrededor de ellas se disponen maquetas de estudio, dibujos, elementos de vestuario, fotografías, películas, grabaciones de vídeo y material de archivo, así como extractos de Diarios nocturnos del insomne Fabre. En El dinero y el mundo del arte -"como durante gran parte de mi vida no tenía, me fascinaba el dinero; y además ya se sabe que la relación entre el dinero y el arte es tan ambigua como estrecha", apuntó- se recogen performances como Money performance (1979), en la que el artista rompía, masticaba y finalmente quemaba el dinero que había pagado el público para asistir al acto, lo que provocó alguna furiosa invasión del escenario. En otro apartado, Bic Art, hay materiales de su proyecto Bic Art Propaganda, en el que Fabre, empleando bolígrafos a modo de desafío a los grandes maestros de la historia del arte, y también como protesta por su precariedad económica, enviaba postales hechas a mano a ciudades de todo el mundo reivindicando la propia audacia de tal gesto. Ciencia y experimento refleja la enorme fascinación del artista por el cuerpo y la ciencia, algo que se remonta a su niñez, cuando estudiaba los insectos o iba al zoo con su padre. Otro bloque, Gángsters y metamorfosis, muestra piezas relacionadas con sus años de street fighter, como el proyecto Robos y peleas callejeras, en el que muestra los botines reunidos en aquellos allanamientos de mansiones, habitualmente reinvertidos en objetos o utensilios artístios. Homenajes, por último, agrupa piezas en las que Fabre colabora, entrevista u homenajes a otros artistas como Marcel Duchamp, Walter Marchetti o Marina Abramovic; filósofos como Dietmar Kamper o su amigo Peter Sloterdijk; y científicos como Edward O. Wilson y Giacomo Rizzolatti. Como complemento a la exposición, en el Refectorio se proyecta la película El doctor Fabre os curará, de Pierre Coulibeuf, un retrato fílmico del artista belga a partir de sus innumerables máscaras y transformaciones.

Paseando por la exposición, ante la transgresión y la crudeza de tantas de las obras, surge la duda: ¿sería posible llevar a cabo hoy todas esas acciones, en los que vuelve a debatirse sobre los límites de la libertad de expresión? "En toda Europa, los nacionalismos y la extrema derecha están alentando una regresión, actitudes que son muy peligrosas. Antes éramos todos mucho más aperturistas, más libres... Por ejemplo -afirmó-, con respecto al movimiento #MeToo: yo ya era feminista hace 40 años. Y ahora tengo la impresión de que, al menos en mi país, el feminismo ha sido capitalizado y tergiversado por parte de la extrema derecha. Tenemos que respetarnos todos, hombres y mujeres, eso es obvio, pero lo que me sorprende es que ahora el feminismo sólo parece preocupado por imponer reglas y más reglas. Y yo pienso que las verdaderas feministas tienen un espíritu abierto, no necesidad de dogmas y reglas férreas".

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