Acontecimiento La obra se presentó ayer en el Casino de la Exposición

Galeotes de la pluma

  • 'La huelga de los poetas', la novela sobre el periodismo de Rafael Cansinos Assens, se reedita casi 90 años después

Fue uno de los hombres de letras más completos que ha dado la literatura española de todo tiempo, pero no un gran novelista. Sin embargo, algunas de las novelas que escribió se han convertido en raras joyas exquisitas que aúnan lo que antes se llamaba la calidad de página con temas de una extraña actualidad. Más conocido como crítico o memorialista, el escritor sevillano Rafael Cansinos Assens (1883-1964) publicó muchas novelitas menores que pueden gustarnos a sus incondicionales, pero de las que no cabe esperar que interesen más allá del ámbito de los estudiosos del periodo. No es el caso de La huelga de los poetas, publicada en 1921 por la editorial Mundo Latino y nunca hasta ahora reeditada, por lo mismo desconocida incluso para muchos devotos de Cansinos que sabían del título pero no habían podido leerla. Más aún que la reciente reedición de El Movimiento V.P. (Arca, 2009) -que sí había sido rescatada con anterioridad, en 1978, por Juan Manuel Bonet- la recuperación de La huelga se presenta por ello como un acontecimiento editorial de primer orden.

En los últimos años, la Fundación que dirige el hijo de Cansinos ha publicado cuidadas ediciones que recuperan algunos de los trabajos del autor de La novela de un literato, por ejemplo su hermosa Antología de poetas persas o la no menos admirable antología hebraica Las bellezas del Talmud, además de su justamente famosa traducción de El Korán y una novela autobiográfica -Bohemia- cuyas peripecias coinciden en gran parte con las referidas en las celebradas memorias de Cansinos. La huelga de los poetas es otra cosa. Basada en un suceso real, el paro de los periodistas en diciembre de 1919, la novela guarda un estrecho parentesco con El Movimiento V.P., donde Cansinos hacía a la vez el elogio y la sátira de las vanguardias. Pero como afirma su hijo en el prólogo a esta nueva edición, La huelga, pese a su título, trata menos de poesía que de periodismo, y ello ha podido ser una de las causas del olvido en que ha quedado una novela por lo demás actualísima.

Desplegando su habitual retórica tardomodernista -siempre nos parecerá mentira que fuera un escritor como él quien abanderara los ismos-, el narrador o Poeta-Periodista, que no es otro que el propio Cansinos, entona una suerte de reivindicativa letanía sobre las miserias que rodeaban al reporterismo, de las que él mismo fue víctima. El resultado es una infrecuente combinación de propuesta esteticista e intención social, porque Cansinos era un hombre bueno que pese a todos sus altos ideales artísticos -o precisamente por ellos- no podía permanecer insensible frente a la injusticia. Y hay que recordar que, como ocurre todavía con algunos blogs o ediciones digitales, los periodistas se veían obligados -gratis pero no et amore- a entregar el fruto de su trabajo a cambio de que el editor o "patrono" accediera a incluir la firma. Hay aficionados o meritorios, presumiblemente pudientes, que ven halagada su vanidad de este modo, pero a la mayoría de los escribidores y literatos, que viven de un trabajo esforzado y vocacional, el cambalache no les hace maldita la gracia. De ahí que Cansinos equiparara a los "obreros del cerebro" con los "obreros del músculo", un hermanamiento que hoy suena algo ingenuo, pero más que nada porque los segundos pueden ganar en apenas unas horas lo que a los otros les cuesta días o semanas.

Además de una novela visionaria y bienhumorada -aunque más seria, como dice también Cansinos hijo, que El movimiento V.P.- y de un divertimento en clave, La huelga es un documento valiosísimo que describe el mundo de las redacciones hacia la segunda década del siglo XX, de las que a pesar de los agravios y las penalidades salió una generación de periodistas tal vez inigualada. Se hace imposible no trazar un paralelismo con el estado, no precisamente bonancible sino más bien incierto, de la profesión periodística en el siglo XXI, que en el caso del periodismo literario -ay- no se ha apartado mucho de la precariedad y las condiciones menesterosas que caracterizaban el desempeño del oficio por los días en que lo ejerció Cansinos, tal como aparece en la vieja fotografía -de La Correspondencia de España- que estuvo colgada durante bastantes años en la antigua redacción de este Diario.

La huelga es, así, una novela bella, necesaria y conmovedora, de lo mejor de su obra de creación, que hace justicia a la leyenda de Cansinos y cuya reedición puede contribuir no a devolverle -como suele decirse- el lugar que le corresponde, sino a darle, por fin, el que nunca ha llegado a ocupar.

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