Grecia como droga

  • 'Tradición clásica en la poesía de Aurora Luque'. Josefa Álvarez. Prólogo de Francisco Díaz de Castro. Renacimiento. Sevilla, 2014. 164 páginas. 17 euros.

"En la poesía de Aurora Luque, Grecia actúa como un motivo constante y engendrador, como energía directa que funda, esclarece y permite ver", ha escrito Juan Antonio González Iglesias, tal vez el poeta que junto a la almeriense más se ha acercado al legado de la Antigüedad para revisarlo a la luz de la realidad contemporánea. La presencia del mundo clásico, expresa en muchos de los títulos de los poemarios de Aurora Luque, es uno de los rasgos que singularizan la obra de una autora que ejerce como profesora de griego, no en vano ha traducido a Safo o Catulo y tiene entre sus publicaciones una estupenda antología -Los dados de Eros (2000)- de poesía erótica griega. Desde su doble familiaridad con los autores grecolatinos y con la poesía española contemporánea, Josefa Álvarez ha abordado esta presencia en páginas iluminadoras -prologadas por el también profesor y poeta Francisco Díaz de Castro- que celebran el "hedonismo vital" de una propuesta lírica donde confluyen el alto linaje de Epicuro y los versos, más imperecederos que el bronce, de Horacio o el mencionado Catulo. A propósito de esta relación tan larga ya y fecunda, cita la estudiosa los versos finales de un conocido poema de Luque -Gel, perteneciente a su tercer libro Carpe noctem (1994)- donde la autora escribe: "Cómo podría desintoxicarme. / Dependo de por vida / de una droga. De Grecia".

El recurso a la intertextualidad, el trasfondo reflexivo y moral o la inversión de los motivos clásicos -aplicados a un sujeto femenino que se presenta menos airado que divertido- son algunos de los temas analizados en esta monografía que, como debe hacer siempre la crítica, incita a la relectura. Hay mucha vida en una poesía que no se limita a glosar los mitos o los pasajes prestigiosos, sino que dialoga con ellos, los disloca o los actualiza, a menudo en clave irónica. La mirada posmoderna de Luque parte de la fascinación, pero no se queda en el homenaje. Por eso sus incursiones en las "figuras, formas e ideas" de la Grecia eterna -como la llamó el inefable Gómez Carrillo en un libro de viajes traducido por la autora- están muy lejos del culturalismo decorativo, de la mera estampa neoclásica o de la recreación historicista de cartón piedra. Por eso su trato con los antiguos no tiene nada de impostada floritura.

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