Haydn de brocha gorda para tiempos solsticiales

A nuestra orquesta nunca se le ha dado bien, ni siquiera regular, el Clasicismo y no por ella misma, sino porque nunca han trabajado en serio ese repertorio directores que sean buenos conocedores del mismo. Uno podía esperar que Peter Schreier, que tantas Creaciones ha cantado, sabría rendir una lectura detallada de la misma, pero la verdad es que pareció que fuese la primera vez que leía la partitura. Su dirección anémica, plana hasta el aburrimiento y guiada de un ritmo machacón y monótonom (de marcapasos terminal más que de metrónomo) dejó pasar los mil y un detalles de esta obra. Una música que pinta y describe con los sonidos tormentas, truenos, pájaros, leones y reptiles y que de no ser por el texto no hubiéramos sabido que estaban allí.

Un desastre la sección de violines, con un nuevo concertino invitado que llevó a sus colegas al mayor desbarajuste. Menos mal que las maderas salvaron los muebles con brillantez. Bien el coro, a pesar de unos tenores chillones y unos bajos con graves sin apoyo. Butter cantó con energía y acentos, aunque calaba en la zona aguda. Prieto, una bella voz de lírico puro, pasó más de un apuro en la franja grave. Y Joshua fue la clásica soprano británica: voz bonita pero muy pequeña. Menos en los recitativos, fraseó con gusto.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios