Historia de un escalofrío

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Cuando sube el telón comienza Lo Real, porque Galván se ha convertido en un acontecimiento sevillano, con todo el fingimiento que implica. En Lo Real me siento a salvo y feliz, a pesar de que lo que veo es atroz, porque se respira libertad, pese a que cuenta la historia de las privaciones, las humillaciones, los abusos. Es una historia real, está pasando ahora mismo (privaciones, deshumanización y hombres y mujeres libres). Es lo que siempre ha contado Galván. Bailar el horror. Me dicen que en el Real se monta un escándalo en el estreno: algunos no quieren que se meta el dedo en la herida. Algunos no quieren que se cierre la herida. Galván siempre ha hablado de esto. La herida está en Kafka y en las seguiriyas decimonónicas del Marrurro. Me acuerdo de la seguiriya apocalíptica de Terremoto en El final de este estado de cosas. Aquí no ha usado la seguiriya. También en la malagueña de Chacón, en la dulce voz de Lagos, hay una herida. Es una cosa más sutil. Es un espectáculo más sutil, en la historia de Galván. Incluso se ha permitido una amabilidad con el espectador, un intermedio cómico, francamente cómico, obviamente cómico, descaradamente cómico. La crueldad sonora está justificada porque es la historia de la crueldad lo que vemos. Galván cuenta lo mismo y hoy todo está claro, equilibrado, trasparente. No hay la crudeza, la viscosidad de antes. Quizá por eso no me sobrecoge tanto como otras veces. O porque la historia ya me la ha contado otras veces. 

Es una mirada adulta sobre una cosa infantil que es el llanto del desconsuelo. Ante la injusticia, ante la privación, ante la humillación, ante el abuso, ante la indefensión, todos somos niños. Lo referentes culteranos están ahí, y pulidos, depurados, casi invisibles. Galván vuelve sobre la herida y así salimos más sanos del teatro. El llanto cicatriza. Recuerda muy bien lo que quieres olvidar, creo que fue Freud el que lo escribió. No quiero volver a la ficción sino perderme en las aguas de este río tranquilo, sereno, de esta obra sencilla y compleja, fluida, sólida, impenetrable, de una honestidad y una libertad emocionantes y sanadoras, porque nos hace mejores. No quiero que baje el telón. Nunca.

Baile, coreografía y guión musical: Israel Galván. Baile: Belén Maya, Isabel Bayón. Cante: David Lagos, Tomás de Perrate. Guitarra: Chicuelo. Saxo y dirección musical: Juan Jiménez Alba. Piano: Alejandro Rojas Marcos. Percusión: Antonio Moreno. Violín: Eloísa Cantón. Jaleos: La Uchi, Bobote, Caracafé. Banda: Sistema Tanto. Guión: T. Berraondo, P. G. Romero, I. Galván. Dirección artística: Pedro G. Romero. Dirección de escena: Txiki Berraondo. Lugar: Teatro de La Maestranza. Fecha: 6 de abril. Aforo: Lleno. 

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