Hombre de Piedra se estrena hoy en casa

  • La compañía sevillana trae al Teatro Central 'Hamburger de conejo (Nadie muere bellamente)', de Fernando Mansilla

"Hombre de Piedra se formó a partir del texto de Fernando Mansilla, que fue el auténtico motor. Luego montamos el equipo, que es para nosotros algo fundamental, y así, hasta el estreno", cuenta la actriz Amparo Marín de la puesta en marcha de una nueva compañía sevillana, Hombre de Piedra, y de su primer montaje, Hamburger de conejo (Nadie muere bellamente), la obra que desde hoy y hasta el próximo viernes puede verse en la sala B del Teatro Central. Presentada por primera vez el 8 de noviembre del pasado año en la I Feria de Teatro Andaluz de El Puerto de Santa María, la obra llega esta noche a Sevilla, antes de recalar en Málaga y Granada, con el marchamo de "estreno oficial".

"Pocas veces se da el caso de que se reúna tanto talento en un mismo equipo artístico", apunta por su parte Manuel Llanes, coordinador de programación del Central, señalando tanto la trayectoria de la pareja protagonista -la mencionada Marín y la también actriz Charo Sánchez- como la proyección del autor del texto (Fernando Mansilla) y la veteranía del director (Javier Centeno, quien ya pasó por Teatro Crónico y Atalaya), entre otros. "Eso nos demuestra la importancia de unir fuerzas en el teatro andaluz y la necidad de oxigenarlo", incide Llanes.

Hamburger de conejo (Nadie muere bellamente) es "la historia de dos mujeres que se odian y se aman. Bueno, sobre todo se odian -matiza el autor-. Una es la vigilante de un burger y la otra una indigente, una persona sin recursos a la que le gusta poner nerviosos a los guardas de seguridad. Entre las dos se desata una auténtica batalla que termina en tragedia".

Para Mansilla, de quienes sus compañeros alaban su capacidad para la comicidad ácida, la idea subyacente tras la obra es que "en la mayoría de las ocasiones los conflictos, ya sean personales o incluso las guerras, son absurdos e inútiles y surgen de situaciones idiotas, sin sentido". De hecho, convencido de que es más lo que suele unirnos que lo que nos separa, el dramaturgo dice de sus protagonistas que "en el fondo son muy parecidas, pero una lleva uniforme y otra no; una vive en la calle y otra no. Suficiente para provocar el drama", advierte.

Javier Centeno, el director, bromea al explicar su papel. "Yo soy el convidado de piedra, el último en llegar al equipo -dice-. Al principio iba a dirigir la obra Fernando, pero no pudo y me llamaron a mí. Había colaborado antes con ellos por separado, pero nunca habíamos coincidido todos en esta especie de pandilla".

Sin embargo, es el propio Mansilla quien extiende en cierta medida la autoría al equipo completo y pone en valor el papel de Centeno al reconocer que "el texto se ha ido elaborando sobre la marcha y ha habido cambios hasta el final. Pero eso pasa siempre. Cuando ensayas ves si las cosas funcionan o no. Y yo procuro no perderme ningún ensayo".

De las actrices enfrentadas subraya Centeno que "lo han dado todo. Encontrar a dos fieras así no es nada fácil, pero tienen una energía tan increíble que en ocasiones yo me he limitado a mirar atónito", comenta. La pugna entre ambas encuentra su marco en la escenografía ideada por Antonio Marín, un metafórico ring reconvertido en burger gracias a la ambientación sonora. "Sí, la puesta en escena es el enfrentamiento, hasta el punto de ponerlas encima de un ring. Ésa es la idea y por eso la obra se plantea incluso con sus asaltos", apunta Centeno.

"Creo -dice por su parte Mansilla- que lo que nos ha aglutinado a todos ha sido el gusto por la poesía y por la música. El texto navega por varios poemas con música... Hace tiempo que venimos trabajando la idea del rap-teatro, aunque nosotros no rapeamos a compás, como los raperos, sino utilizando la música como un colchón sonoro".

Centeno va más lejos. "El colchón no es sólo sonoro -afirma el director-, sino también dramatúrgico. El ritmo y la melodía configuran los distintos momentos del espectáculo".

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