Ibsen según Robert Wilson

  • Llega al Lope 'La dama del mar', estreno absoluto en España fruto de la colaboración entre el dramaturgo y Susan Sontag

Hace alrededor de 20 años, la novelista y ensayista Susan Sontag y Robert Wilson, uno de los dramaturgos más importantes de las últimas décadas, mantuvieron una conversación sobre Chejov, que a Wilson le resulta "misterioso", e Ibsen, por el que no siente (o no sentía) ninguna predilección. Ese diálogo, explicó ayer el director teatral, se alargó mucho, "varios años", al cabo de los cuales Sontag le propuso adaptar para él una obra del noruego. Wilson aceptó, y eligió La dama del mar, porque poco antes había visto en Hamburgo un montaje de este texto que le disgustó. "Era absurdo. Todo estaba tratado como si siguiéramos en el siglo XIX, a la manera naturalista. Y lo más fascinante de esta obra, para mí, es que es muy surrealista".

El resultado de este intercambio llega el próximo miércoles al Lope de Vega. La dama del mar, obra protagonizada por Manuel de Blas y Ángela Molina, con música de Michael Galasso y dirigida por el propio Wilson, es un "acontecimiento" en Sevilla, dice Antonio Álamo, responsable artístico del teatro, que acoge así el estreno absoluto de la versión en español de este montaje.

"Una mujer que viene del mar. Una sirena, una criatura extraña". Wilson piensa en voz alta, con la mirada perdida, mundano y ensimismado, fascinado realmente con un aspecto de Ibsen poco ponderado en su opinión. Sontag le entregó un texto mucho más corto que el original, con "mucho espacio" en el texto para que el dramaturgo (Waco, Texas, 1941) pudiera desarrollar con comodidad su idea del teatro como contenedor de todas las artes.

"Malraux dijo: 'El teatro occidental ha sido esclavo de la literatura'. Muchas veces se cree que una obra son sus palabras. Esto no pasa en otras tradiciones, como la china, la indonesia, la esquimal o la japonesa, en la que hay cientos de maneras distintas de estar de pie, de caminar, de llorar".

Habla de lo que él llama "teatro formal", una forma de hacer que "no tendrá tradición". "Puede que influya a alguien, pero mi teatro, dentro de 50 años, existirá en la memoria". Este teatro, explica, es visual, sonoro, responde a una máxima rigurosa ("no hagas teatro si no te puedes divertir") y exige un hondo conocimiento del lenguaje visual, que es un "lenguaje universal" pues "la verdad es universal". "Nunca le he dicho a un actor lo que tiene que pensar. Mi dirección consiste en decir 'esto debes hacerlo más rápido, o más lento, o tu cuerpo debe ser más agresivo'. Luego los actores y el público pueden rellenar esa forma con sus propias ideas, pues no aspiro a que todos tengan la misma idea de lo que hago. Eso sería disparatado; las cosas son complejas, incluso cuando Romeo le dice a Julieta te quiero, son muy complejas".

El director teatral, que visita por tercera vez la ciudad (profesionalmente), ha dejado casi hechizados a sus dos principales actores, que, como resume Ángela Molina, se han entregado a él "con fe incondicional" en un proceso de búsqueda tan obstinada de "la verdad" que "a veces hace que te pierdas a ti misma". Manuel de Blas contempla a Wilson al mismo nivel que Picasso. "Es una de esas personas fabulosas que cambia las cosas".

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