Imposible luchar con la Física

VI Ciclo de órgano de la Universidad de Sevilla. Programa: Obras de D. Pérez, A. Sola, H. Eslava, C. Oudrid, J. S. Bach, B. Íñiguez, J. Nares, N. Otaño, J. García y F. M. Álvarez. Soprano: María Ogueta. Órgano: Miguel Ángel García. Lugar: Iglesia de la Anunciación. Fecha: Jueves, 22 de mayo. Aforo: Casi lleno.

No es nada nuevo afirmar que la iglesia de la Anunciación tiene posiblemente la peor acústica de toda Sevilla, como se viene demostrando desde hace años concierto a concierto de la Orquesta Barroca de Sevilla. Ello no hubiese sido un especial inconveniente en el caso de que el de anoche hubiese sido un concierto exclusivamente de órgano, un instrumento cuyas peculiaridades sonoras le hacen compatible con los amplios espacios catedralicios y eclesiásticos. El problema vino con la voz de la soprano alavesa María Ogueta, que al estar en alto, en el coro, se perdía irremisiblemente y era cubierta permanentemente por sus propios ecos y contraecos, hasta el punto de que resultase muy complicado discernir el grado de afinación (y no digamos las palabras) en los pasajes superiores, que una y otra vez sonaban fuera de tono. Es posible que a la propia cantante le resultase difícil afinar al no disponer de un retorno nítido y ello lastró prácticamente todo su recital, por otra parte muy interesante.

La voz de Ogueta es la de una lírica ancha, con centro firme y de poderosos medios, sobrada de volumen y de apetecible timbre. Afea algo la emisión un evidente vibrato que se va acentuando en la franja superior, el paso a la cual no acaba de estar correctamente resuelto. En la franja medio-grave se evidencia el engolamiento y la sensación de que la voz no está del todo liberada. Su mejor momento estuvo en la pieza de Otaño.

García abordó sus piezas a solo con gran solvencia, agilidad y claridad en el fraseo, con tempi más bien rápidos.

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