Israel Galván, la intuición y la certeza

  • Los colaboradores del bailaor, que presenta mañana 'Lo real', destacan su disciplina, su mirada sin prejuicios y su universo "muy personal"

Cuando el artista y escritor Pedro G. Romero siguió el consejo de Pepa Gamboa, que le insistía en que como aficionado al flamenco debía conocer a los nuevos bailaores, que estaban apostando por proyectos estimulantes e inesperados, el especialista comprobó que efectivamente había un puñado de creadores "buenísimos", pero ante Israel Galván sintió un inusual deslumbramiento, se asombró porque "allí", dice, "se contaban cosas". Halló una actitud diferente no sólo por el hecho de que en alguna escena éste llevara una camisa amarilla, "algo que para los códigos teatrales ya tenía su guasa"; también detectó una serie de gestos que lo señalaban como un intérprete genuino: "Él no hacía esos remates fáciles para lograr el aplauso en los que caían otros, no le echaba gotas de sudor a la primera fila, daba la espalda en ciertos momentos a la platea", reconstruye Romero, que pronto accedería al universo de esa joven promesa participando en el primer montaje de su compañía, ¡Mira!/Los zapatos rojos, una colaboración que el responsable del discurso conceptual de las obras de Galván pensó que sería "provisional" sin sospechar que se convertiría en el director artístico de las producciones que seguirían. Lo real / Le réel / The real, el espectáculo que prosigue esa larga línea de trabajo conjunta, llega mañana al Maestranza tras su controvertido estreno en el Teatro Real y su paso triunfal por el Théâtre de la Ville de París. La obra es una nueva prueba de la hondura y la valentía de este tándem, que emprende un acercamiento al tema del genocidio de los gitanos por los nazis en un montaje en el que Galván se acompaña de dos de las bailaoras más sobresalientes de su generación, Isabel Bayón y Belén Maya.

Para Romero, Galván encarna la "disciplina de la danza", ésa "que somete el cuerpo a ciertas torturas", una entrega sin concesiones que ya estaba presente en los comienzos: "Cuando hicimos La metamorfosis cogimos como imagen del espectáculo una fotografía de su pie con marcas y heridas por culpa de los zapatos de baile", cuenta el director artístico, receptivo siempre a las ideas del Premio Nacional de Danza, que brindan "retos fascinantes" porque, afirma, "sus intuiciones están llenas de aciertos". Gracias a maestros como Mario Maya o Manuel Soler, "él nunca ha tenido miedo de probar otras cosas, nunca pensó que el flamenco debía ser un gueto, un ámbito con unos valores cerrados". Tras una carrera rotunda, celebra Romero, el bailaor se encuentra en la plenitud de sus recursos. "Ahora lo que quiere transmitir lo hace de una forma más directa, más violenta, más compacta. Me alegro mucho de ver cómo trabaja: es un placer absoluto", opina.

Lo real llegará a Sevilla con una extensión reducida en comparación al montaje que se estrenó en Madrid. "Los estrenos de Israel son siempre muy crudos, muy salvajes", aclara Romero, "y la obra se va refinando con el rodaje, con el enfrentamiento con el público. Lo que se va a ver es parecido a las últimas funciones del Teatro Real". El primer día en el escenario madrileño, el bailaor se enfrentó a la reacción airada del sector más conservador de la platea. Romero atribuye este episodio a que "creerían que el flamenco moderno es un flamenco con un vestuario y una iluminación distintos pero el mismo baile de siempre", y debió descolocar a los espectadores bienpensantes una propuesta de la complejidad de ésta, que explora entre otras cuestiones la contradictoria atracción de los nazis -Leni Riefenstahl entre ellos- por el flamenco, "la música de los gitanos que perseguían", que es un homenaje a un pueblo perseguido pero despliega su mirada al drama también con "alegría, amor, humor". Esa respuesta desmedida "no se volvió a repetir en ninguna de las representaciones, ni tampoco en París, donde el sentimiento fue el contrario", asegura Romero, feliz de vivir, en un momento "en el que el arte está anestesiado", las "paradojas que se crean alrededor de Israel".

Quien también muestra su entusiasmo es Belén Maya, que describe formar parte del elenco de Lo real como "un sueño". La intérprete ya había bailado junto a Galván "en otras ocasiones, pero no en un espectáculo suyo, con la coreografía hecha por él". Considera al artista "un referente desde siempre, como bailaor, coreógrafo y creador", por lo que ha sentido "poder estar a su lado en un proyecto tan potente, con un tema tan comprometido" como "si me hubiese tocado la lotería". A Maya le parecieron los ensayos "una fuente de aprendizaje constante. Israel me ha dado la oportunidad de verle crear, de seguir su proceso creativo, de ver cómo dirige a los músicos, cómo resuelve los problemas que van surgiendo...". La bailaora interpreta a una gitana de origen rumano que se suicida en el campo de exterminio. En un principio la complejidad de la coreografía impidió que Belén Maya volara sin ataduras, pero "ahora que la obra está mas rodada he podido ir dándole matices a ese personaje, dándole una historia, algo muy enriquecedor como bailaora ya que no es posible hacerlo bailando flamenco tradicional", explica alguien que desde sus comienzos ha creído en el diálogo con los otros e intenta "sacar algo distinto" de ella "en cada una" de sus colaboraciones.

Bayón también exhibe una versatilidad pasmosa en Lo real: aparece en un intermedio en el que difunde ante el público "muchas facetas". En su papel de Carmen La Chinche "soy un poco mala, un poco loca, un poco folclórica", un desdoblamiento que le permite "cosas a las que quizás no me atrevería por mí misma, pero al mismo tiempo en el espectáculo soy yo, de diferentes maneras, pero muy natural". Ella acogió la invitación al proyecto con "una ilusión tremenda", aunque reconoce que la experiencia no estuvo exenta de dificultad. "Ha sido muy intenso y muy interesante, porque él tiene un mundo muy personal. Me costó asimilar ese lenguaje tan singular que tiene con el cuerpo. Al final llegamos a un término medio donde él me daba su idea, pero yo también ponía. Necesitaba sentir esos movimientos en mi cuerpo, en mi manera de respirar, para poder expresarme con naturalidad", expone la intérprete.

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