Leer contra "el malestar general"

  • Ana María Matute, autora de 'Olvidado rey Gudú' y académica de la Lengua, inaugura en la Escuela de Ingenieros el congreso de la Hispalense 'Factor humano'

¿Quién nos imaginará? Ana María Matute no tiene "ni idea". La pregunta tituló ayer la intervención de la escritora barcelonesa que inauguraba la segunda edición del congreso Factor humano, organizado por la Universidad de Sevilla. Alguien pensó que este título -que ella oía en ese momento por primera vez, hacia el final de su charla- sería apropiado para la conferencia de la autora de Olvidado rey Gudú, pero ésta prefirió no contestar, como tampoco ofreció exactamente una conferencia.

Relajada, sonriente, se dedicó a contestar a las preguntas obligadas que iba haciéndole la profesora de Literatura Española de la Hispalense Mercedes Comellas con una desafección socarrona por la fama y las medallas. En fin, que Matute no quiso hablar del futuro de las Humanidades, pero glosó con humor y en un flujo caprichoso de recuerdos su endiablado apetito de libros de toda una vida. O sea, que al menos indicó el camino.

La escritora suele decir que un niño no es un proyecto de hombre, sino que un hombre es lo que queda de un niño. Por eso, explica, le gusta "el mundo de los niños", que es un mundo "redondo". Los niños, más que gustarle, le "interesan". Y además la fantasía la entiende "mejor que a un director de banco o al Vaticano". Se inventó un mundo porque el mundo la rechazaba, porque "nunca" se sintió plenamente "incorporada a él". Así que la escritora ha vidido "siempre de espaldas al mundo" y piensa que la literatura es en todos los casos "una forma de protesta por el malestar general", lo que no significa, aclara, que el impulso de escribir responda obligatoriamente, como manda el tópico torturado del romanticismo, "a la pérdida o al dolor", pues "los estallidos de felicidad" también la han impulsado a ordenar la vida en papel cada vez que ha reparado en que algo "aún arañaba el corazón".

Ella se cuenta en la categoría de escritores que "lo son a pesar de sí mismos". El otro grupo lo integran quienes "se forman voluntariamente". Al final, de todos modos, "lo importante para la vida es leer", y "si los jóvenes no leen, allá ellos". "Hemos perdido la capacidad de ver y oír esos otros mundos que están en éste", dice Matute, convencida de que "todo es literatura en la vida". "Tuve una depresión y dejé de escribir, pero no de ser escritora, pues seguía mirando el mundo con ojos de escritora", afirma.

Esos ojos han leído, en su infancia, Huckleberry Finn, "sobre todo libros de [Hans Christian] Andersen"; Luz de agosto, novela de William Faulkner que "en un momento muy determinado" no le salvó la vida, pero casi; El Quijote, que "se entiende mejor" con el peso de los años. Matute lo ha pasado "muy bien y muy mal", pero "nunca" se ha aburrido, anomalía que atribuye a las propiedades de la literatura.

Pero no conviene buscar soluciones únicas. También sabe disfrutar de la siesta, y de "un güisquito a partir de las seis de la tarde, o dos". Desde hace años recibe en su casa una caja de cervezas porque en una entrevista habló del delicado placer de ver correr por los vasos las gotas de la bebida casi helada. Dice que más tarde, en otra entrevista, hizo "un intento con el Cardhu", de momento sin fruto.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios