Locuras de verano

  • Textos, vídeos y producción: La Suite. Músicos: Marta G. Pisonero, Sara Martín, Luisa Mora, Lara Sansón, Antonio Corrales, Luis G. Balaguer, Pedro Cortejosa, Emilio Salvatierra, Alejandro Rojas-Marcos. Fecha: Sábado 21 de junio. Lugar: Cicus. Aforo: Tres cuartos.

Textos, vídeos y producción: La Suite. Músicos: Marta G. Pisonero, Sara Martín, Luisa Mora, Lara Sansón, Antonio Corrales, Luis G. Balaguer, Pedro Cortejosa, Emilio Salvatierra, Alejandro Rojas-Marcos. Fecha: Sábado 21 de junio. Lugar: Cicus. Aforo: Tres cuartos.

En 1971, el enfant-terrible alemán Hellmuth Costard filmó con varias cámaras a George Best y tituló su película Fussball wie noch nie, el fútbol como nunca (en expresión: el seguimiento exclusivo a un jugador, sus movimientos, sus gestos; en contenido: la singularidad genial del futbolista del Manchester United). En 2006, Gordon y Parreno emularon a Costard, ahora con Zidane en el objetivo, añadiendo a las imágenes la música atmosférica y épica de Mogwai. En 2012, concretamente el sábado pasado, un puñado de integrantes de la orquesta de improvisaciones Entenguerengue, aquí bajo la denominación España Malta Orchestra, le ensayó una banda sonora en directo a aquel mítico y dudoso partido del 12-1, añadiendo radicalidad a esta corta y precipitada cronología: el fútbol como nunca antes, sin duda, pero ahora como material encontrado, como objet trouvé al que estrangular e incluso cambiar de signo (la coda del triunfo maltés), y con el que establecer un diálogo musical ante una audiencia ya implicada lúdica, racional y emocionalmente con ese sobreexpuesto pedazo de nuestra historia balompédica.

¿Y a qué sonó la segunda parte del España-Malta según esta singular orquesta? Pues a algo entre György Kurtag y Bernard Herrmann, un espacio sonoro de texturas mínimas, cadencias frenéticas y afilados contrapuntos que dejaba hueco, en la narración de los goles, a la inconfundible -y legendariamente tibia- voz de José Ángel de las Casas. Extraño, divertido y hasta algo siniestro, pues si bien el maridaje de música y audiovisuales buscaba, sobre todo, la sonrisa cómplice, el resultado fue bellamente nostálgico: el grano y la saturación del vídeo, la sensación de que los futbolistas, los espectadores y hasta el árbitro, todo, era entonces más real que ahora...; es decir, el efecto fantasmagórico del paso de los años espesado por las perspectivas de la atonalidad (esto es, cada vez somos más viejos, y ellos intemporales).

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