Crítica 'El novato'

Luz y miseria adolescentes

el novato. Comedia dramática, Francia, 2015, 80 min. Dirección: Rudi Rosenberg. Guión: Igor Gotesman, Bruno Muschio, Rudi Rosenberg. Fotografía: Nicolas Loir. Intérpretes: Réphaël Ghrenassia, Joshua Raccah, Géraldine Martineau, Guillaume Cloud-Roussel, Johanna Lindstedt, Max Boublil.

No se deje engañar por la banalidad del título. Ésta no es la enésima comedia adolescente americana, aunque no deje de ser, en cierto modo, una comedia adolescente. El novato viene de Francia, ha ganado unos cuantos premios para su joven director debutante (Rudi Rosenberg) y se adentra en ese terreno tan difícil, dominado por muy pocos (pienso, dentro de la tradición francesa, en Truffaut, Pialat o el Eustache de Mes petits amoureuses), como es del retrato de la infancia y primera adolescencia.

Difícil, claro está, sin caer en el estereotipo o la caricatura fácil, en el paternalismo o las moralejas para adultos. Porque Rosenberg retrata de cerca, a ras de adolescente, codo con codo con sus pequeñas miserias colegiales, y lo hace tomando partido por el perdedor o el novato llegado de provincias que intenta adaptarse a duras penas al entorno rodeado de los clásicos malotes, embelesado por la más guapa de la clase.

Rosenberg observa ese mundo con empatía y distancia justa, rebajando el drama hacia la comedia pero sin dejar de lado esos pequeños detalles cruciales que rebelan la forja de una identidad en el seno de la manada a golpe de decepción y desengaño.

Así, la entrañable pandilla de marginados se convierte pronto en la nuestra, aunque sean los más feos, los más gorditos, discapacitados, lleven brackets y gafas o reciban todas las collejas. Verlos cantar juntos, desafinando como no puede desafinarse más, una de esas canciones épicas de Coldplay, nos saca de la sala de muy buen humor, reconciliados con aquella etapa luminosa, excitante y miserable de la vida.

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