Madurez de un proyecto sólido e ilusionante

El Coro Barroco de Andalucía no tiene hoy parangón ennuestra comunidad. Un conjunto como éste, constituido por voces perfectamente formadas y con intenciones de asentarse profesionalmente en el panorama internacional, era hasta hace nada poco más que una lejana y quimérica ilusión. Hoy parece una realidad no cercana, sino consolidada, como mostró ayer en la mejor actuación que, desde su presentación hace ya casi un lustro, ha podido escucharle el firmante de esta reseña .

Lluís Vilamajó ha conseguido un equilibrio excepcional entre unas voces graves de imponente presencia y solidez y unas sopranos que ha logrado finalmente empastar, controlando la tendencia a la excesiva brillantez del principio. El Victoria fue admirable en este sentido. Toda la gravedad y la hondura de esta música quedó atrapada en unos motetes cantados a tempo muy lento, con una delicadeza y un control excepcionales. Plenas de matices y garra las obras policorales de Gutiérrez de Padilla y muy refinadas, si acaso algo frías, las piezas de Purcell.

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