Magistral Ponce y un lote infumable para El Cid en Valencia

Un brindis especial en la tarde, al nieto mayor de los Reyes de España. El pequeño Froilán ocupaba una barrera al lado de su padre, Jaime de Marichalar. Ponce le brindó la muerte del cuarto toro, animal que no estaba a la altura de las circunstancias por sus escasas fuerzas y malas ideas. Papeleta para el torero, que sin embargo resolvió con suma maestría, valor y extraordinario talento. Un poderoso Ponce que doblegó las aviesas intenciones del toro, llevándole muy cosido a los engaños para evitar que se le viniera encima. Porque se frenaba en el centro de las suertes, sin humillar, y midiéndole constantemente. Quedarse allí era más que valor. Y conseguir obligarle a seguir el trazo de cada muletazo, pura maestría, expresión de mando absoluta. Faena a más, con rúbrica de una estocada en lo alto. Disgusto por la concesión de un solo trofeo y más se compara con las dos que le dieron a El Fandi días atrás o con la que había cortado César Jiménez en el toro anterior.

Fue ésta faena fácil y bonita, pero ni mucho menos con los intríngulis de la de Ponce. Y no se trata de restarle méritos al madrileño, cuyo trofeo vale también su peso en oro. La tarde no tuvo más. Ni Ponce en el inválido primero, ni Jiménez con el difícil sexto, ni El Cid, que no tuvo tela que cortar en un lote imposible, pudieron hacer nada.

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