Manuel Barrios desmonta la leyenda en torno a Miguel Mañara

  • El escritor y periodista sevillano asegura que ante su figura "siempre ha podido más la leyenda que la historia"

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El periodista y escritor sevillano Manuel Barrios "desmonta" en su último libro La verdad sobre Miguel Mañara (Almuzara) la leyenda y la fabulación que gira en torno a este personaje histórico, nacido en la capital andaluza en marzo de 1627. El escritor asegura que ante la figura de Mañara "siempre ha podido más la leyenda que la historia", circunstancia que se deriva de la naturaleza de la ciudad de Sevilla, tierra "siempre novelera y de sangre caliente, muy dada a la fantasía. Siempre ha habido cierta desidia en este caso concreto por parte de los investigadores, que no han procurado la verdad, sino la historia bonita, que en cuanto se estudia un poco se desluce", lamenta.

Miguel Mañara nació el 13 de marzo de 1627 en una casa del barrio judío de San Bartolomé de Sevilla. Fue el noveno vástago de una opulenta familia de Calvi (Córcega) y se educó en un ambiente propio de las familias ricas del siglo XVII, lo que le permitió ocupar su juventud en cargos públicos, como el de Caballero Veinticuatro de la Ciudad.

El episodio que cambió su vida y ha pasado a la memoria colectiva de la ciudad ocurrió cuando el noble tenía 35 años. Una noche en la que se dirigía a una cita clandestina en compañía de su criado, al pasar por la calle del Ataúd, presenció su propio entierro. Impresionado por ello, se operó en él una conversión "fulminante", solicitando su ingreso en la Hermandad de la Santa Caridad, de la que llegó a ser Hermano Mayor. Para el autor, esta visión es una "ilusión fantasmagórica más entre sus habituales delirios", que se invalida desde el momento en que se sabe que entonces estaban "prohibidos" los entierros nocturnos.

La "naturaleza desequilibrada" de Mañara y su "obsesión por la muerte" explica, según Barrios, este episodio, que, además, aparece ya en nuestro romancero del siglo XII y que llega hasta las alucinaciones de El estudiante de Salamanca de Espronceda. Es precisamente esta "convulsa" personalidad de Mañara y su "necromanía", en palabras del periodista, lo que lo impulsan a ingresar en la Hermandad de la Caridad. "Sin olvidar su deseo de ayudar al prójimo y sus virtudes, la verdad es que el sevillano ingresó en esta institución para garantizarse la salvación eterna y así poder desembarazarse de su pavor ante la muerte", asevera.

Sólo así se entiende, según apunta, la "entrega obcecada" del personaje en sus obras de caridad, algunas "muy poco edificantes" y su predilección por enterrar a los cadáveres "más esperpénticos" que encontraba, entre ellos los ahorcados o ahogados en el río Guadalquivir.

Asimismo, apoya esta tesis la idea de que Mañara reuniera en La Caridad a "la mayor parte de la aristocracia y burguesía de Sevilla". "¿Responde a la modestia del hombre más humilde del mundo el hecho de que convirtiera a la institución en una hermandad elitista?", cuestiona el autor.

"La historia convencional asegura que Mañara abandonó todas sus posesiones y se entregó a una vida de humildad. Sin embargo, los cuadros de Valdés Leal y Murillo, que convierten a la hermandad en una de las pinacotecas más ricas de España, fueron pagados con su propio dinero", señala. Por último, sugiere la posible "ascendencia" judía del noble, respaldada, según precisa, por la procedencia "conversa" de cinco de sus apellidos, sus rasgos faciales, especialmente su nariz, su dedicación al comercio, el hecho de que viviera en la Judería y el lucimiento de un solideo o kippah hebreo en el retrato que le hizo Valdés Leal.

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