María Pagés, maestra y discípula en el Paraninfo

  • La bailaora y coreógrafa sevillana recibe el Premio de Cultura que otorga la Universidad de Sevilla en un acto presidido por el rector y la consejera de Cultura

María Jesús es su nombre real pero su maestra María Magdalena, la que le enseñó la técnica una vez se instaló en Madrid siendo una adolescente, siempre la llamaba "Sevilla". Y por ese apodo identificaban también sus compañeros de estudios, ensayos y camaraderías a María Pagés, que ayer regresó a su ciudad natal para recoger en el Paraninfo el Premio de Cultura que otorga desde 2012 la Universidad de Sevilla. A sus raíces, al carácter especial de esa Sevilla de Matilde Coral, Adelita Domingo, el maestro Otero con su tratado de baile y, sobre todo, de los hermanos Machado, se refirió la Pagés para agradecer emocionada una distinción que reconoce su magisterio en los terrenos de la danza y la coreografía flamenca y que recibió en un acto presidido por el rector Miguel Ángel Castro y la consejera de Cultura, Rosa Aguilar. "Cuando empiezas a despegar intentas desprenderte de los maestros para demostrarte que eres capaz de volar por ti misma pero, cuando vas cumpliendo años, comprendes el valor que tiene la gente que te ha transmitido algo porque eres el resultado de ese trabajo, esos encuentros, esas relaciones personales", reconocía la artista en un encuentro con la prensa previo a la entrega del galardón. "Antonio Gades, en cuya compañía empecé mi carrera profesional, fue muy importante en mi vida porque me enseñó el valor de la dignidad del flamenco. Pero también lo han sido Matilde Coral, Manolo Marín, Manolo Valdivia, Adelita Domingo, María Magdalena... De todos me llevo algo y todos han dejado un poso en mí".

Por ceñirnos al baile, la relación de quienes han marcado su biografía incluye a leyendas internacionales como Mijaíl Barýshnikov, que la invitó a una residencia creativa en Nueva York, o como Sidi Larbi Cherkaoui, con quien creó Dunas, montaje que ha pasado a la historia de los diálogos más hermosos entre la danza contemporánea y el flamenco. Pero ella ayer recordaba con especial cariño al poeta y primer director de la Bienal de Flamenco José Luis Ortiz Nuevo, "que fue quien, a principios de los 90, me propuso que me lanzara a coreografiar. Y gracias a él descubrí que había otro camino que podía recorrer, una senda muy especial porque coreografiar es tener fe en una idea, en algo que no existe. Para crear hay que pensar que uno es capaz de todo", confesó agradecida quien es también Premio Nacional de Danza en la modalidad de creación (2002), Medalla de Andalucía (2011) y Medalla al Mérito en las Bellas Artes (2014).

En el acto académico en el Paraninfo, rodeada de sus padres y de muchos amigos y admiradores, María Pagés fue recibida por las afectuosas palabras del profesor Luis Méndez, director de Cultura y Patrimonio (Cicus) de la Universidad, que glosó los méritos de esta "creadora en lucha" cuyo empleo de los códigos del lenguaje flamenco "la ha llevado a una investigación dentro y fuera de este ámbito expresivo". "María", recordó Luis Méndez, "ha bailado flamenco con las líneas arquitectónicas de Niemeyer o con los versos ordenados, pero desbordantes, de José Saramago, Miguel Hernández, Antonio Machado, Benedetti o Baudelaire, emitidos a ritmo de martinetes o alegrías. Para ella el flamenco es un claro ejemplo de cómo la unión entre culturas, razas y religiones puede crear un eco común".

Pagés sucede al escritor Arturo Pérez Reverte, la artista Carmen Laffón y el barítono Carlos Álvarez en un palmarés que, según el acta del jurado, subraya "su soberbia trayectoria artística, reconocida internacionalmente por su concepto de arte flamenco, siendo una figura pionera en el entendimiento del flamenco como un arte en evolución, contemporáneo y vivo".

Su vinculación con la Universidad de Sevilla se estrechó aún más tras el estreno en 2014 de Yo, Carmen, montaje que ofrecerá el próximo otoño en la Bienal de Sevilla y que está ambientado en la misma Fábrica de Tabacos donde ayer se la aplaudió no sólo por su arte sino también, como reflejó en su intervención Rosa Aguilar, por su solidaridad. "Se muestra lo que se es, y María es grande en el escenario y grande en valores y en humanidad", reflexionó la consejera a propósito de la labor social que Pagés desarrolla en beneficio de los menores y tras recorrer su trayectoria artística, con mención especial a su etapa al frente del Ballet Flamenco de Andalucía, "un tiempo en el que dejó su enseñanza y magisterio" y creó, entre otros espectáculos, el aplaudido El perro andaluz. Burlerías, que mereció en 1996 el Premio Nacional de Coreografía.

La galardonada, que regresa a Madrid con dos joyas facsímiles, el Tratado de bailes del maestro Otero y los autógrafos de Miguel de Cervantes que le regaló ayer la Universidad, ahondó en su intervención en algunas ideas que ya había vertido antes a la prensa cultural, como su gratitud a Sevilla, "sin la cual yo no habría sido bailaora flamenca, habría sido seguramente otra cosa", y a sus compañeros "en esta profesión que empecé desde abajo pero donde he logrado dar trabajo a mucha gente y compartir experiencias con los creadores que más admiraba, como José Saramago y Oscar Niemeyer".

Y si el rector quiso cerrar el acto alzando una rosa por María Pagés, como hiciera el Nobel portugués al poner voz a su propio poema dentro de la coreografía Autorretrato, la bailaora también repasó su contribución a un arte con el que ha traspasado fronteras. "Más que por los palos flamencos en que he destacado, creo que se me recordará por la manera en que esos palos pueden intervenir en la creación. Si hay algo que me gusta bailar especialmente es la soleá pero para mí el flamenco tiene tanto recorrido que me gusta jugar con todo su potencial e incorporar no sólo cantes concretos, sino luces, arquitecturas, poemas... En el caso de Saramago me apeteció bailar sólo su palabra, que tiene una rítmica, un sonido, una cadencia y un soniquete tan especial que no hacía falta nada más".

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