Crítica de Flamenco

Miel para el alcíbar

Se trata de dos personalidades muy distintas, viceral el espejo y atildado perfeccionista el que se mira, por lo que Lombo se ha traído el repertorio a su terreno. Conoce el compás jondo, qué duda cabe. Además Torombo Suárez es un seguro de vida en estos terrenos. La fórmula es de sobra conocida: un bolero por bulerías y una rumba, más arrebatada o serena, según toque. Esto le dio variedad rítmica a la primera parte del recital en tanto que en la segunda fue el arreglo instrumental el que aportó nuevos colores. El tumbao caribeño no es su medio natural pero el cantaor salió victorioso del envite gracias a su poderío vocal. Sonaron los grandes éxitos del utrerano: Soy lo prohibido, No me des guerra, Voy a perder la cabeza por tu amor y algún casi inédito como la zambra La luz de tus ojos grises. La presencia de Andrés Barrios aportó un toque de jazz e intimidad a tres temas no incluidos en el disco que se presentaba en este espectáculo pero tan populares como Payaso, Procuro olvidarte y Bravo.

Lombo reivindica así la labor de un cantaor que inició un género de largo recorrido a fuerza de personalidad y entrega cantaora. Un señor que cantaba como si la vida le fuera en ello en cada tercio. El sevillano Manuel Lombo ha puesto su carisma escénico y su hermoso timbre vocal, pleno de colorido, al servicio de esta figura irrepetible de la historia del flamenco. Miel para el alcíbar de los amores contrariados.

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