Músculo y emoción con U2

  • La banda irlandesa liderada por Bono triunfa ante 80.000 espectadores en el Estadio de la Cartuja · Temas como 'Where the streets have no name' desbordaron el entusiasmo de un público entregado

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El Estadio de la Cartuja vivió anoche "el concierto más importante de la historia de Sevilla", calificado así por el propio Ayuntamiento de la ciudad. La afirmación difícilmente impresionará a U2, que lleva décadas llenando estadios y convirtiendo sus conciertos en alardes de gigantismo cada vez más caros y sofisticados. Un recinto lleno pero no tan abarrotado como invitaba a pensar el aforo anunciado por la organización recibió a la banda, que en la gira 360º Tour ha intentado superarse a sí misma. En esta ocasión, habrán tenido la oportunidad de leerlo una veintena de veces, el gran atractivo -aparte de su generoso puñado de himnos- era la enorme estructura que contenía el escenario, las pantallas LED y las pasarelas desde las que Bono cantó y espoleó a los 80.000 espectadores.

Antes de eso, Interpol, neoyorquinos de nacimiento y británicos de corazón, cumplieron con su función de teloneros con eficacia y concisión. Durante tres cuartos de hora repasaron temas de su nuevo disco y rescataron algunas de las canciones (PDA, Obstacle 1) que en 2002 los pusieron en la primera fila del revival post-punk y de los grupos devotos de Joy Division.

El aplauso a los técnicos de los irlandeses, que no hacían otra cosa que revisar la afinación de los instrumentos, y las olas que comenzó a hacer el público minutos antes de la salida de U2 confirmaron la excepcional expectación que despertaba esta cita. Y con el Space Oddity de Bowie estalló la euforia. A las 21:50 la banda hizo su entrada triunfal en el escenario. Sólo unos gritos de "Viva Sevilla" y "Qué pasa, colegas" necesitó Bono para rendir a sus pies a la multitud y atacar Beautiful day, una de las piezas más populares de su repertorio reciente.

Pronto pudo confirmarse la fabulosa pegada de la banda. New year's day, uno de sus clásicos absolutos, sonó con tanta potencia que mientras lo hacía era difícil imaginarla sonando en un equipo de sonido casero. U2 en directo funciona así. Todo es colosal, es épico. La exhibición de musculatura es irreprochable técnicamente, aunque el planteamiento tiene una consecuencia inevitable: la escala del concierto es tan faraónica que a veces la emoción se dispersa en algún punto de su recorrido entre los músicos y el público. Agudizaron esta impresión Get on your boots y Magnificent, del reciente y destemplado No line on the horizon. De todos modos, Mysterious ways, del extraordinario Achtung Baby, volvió a elevar la fiebre inmediatamente.

Por no hablar de Until the end of the world, una de las canciones más hermosas de su carrera. Ellos lo saben, y la miman interpretándola con ligeras variaciones e imprimiéndole una pausa a mitad de la misma que no hace más que reforzar la traca final, uno de los grandes momentos de la noche. Tras él llegó de hecho un parón que Bono aprovechó para declarar su amor por España y para presentar a sus "tres mejores amigos" como Fernando Torres, Sergio Ramos y Andrés Iniesta (suponemos que éste, el más fino y discreto, era The Edge). A continuación, I still havent found what I'm looking for, cantada al unísono por decenas de miles de memorias sentimentales, supuso uno de esos trances de comunión tan característicos de U2.

Canciones como Mercy, In a little while y Miss Sarajevo, en la que Bono se gustó haciendo brevemente de Pavarotti -el tema original, publicado como The Passengers, contaba con la participación del tenor- imprimieron una pausa. Luego Vertigo cambió de nuevo el guión y puso a botar a los espectadores con su chute de electricidad. Más electrónicos -la palabra más precisa sería discotequeros- se pusieron con Crazy tonight, al principio y al final de la cual se permitieron un entrañable y fugaz guiño al Relax de Frankie Goes To Hollywood.

Sunday Bloody Sunday, el sensacional tema con el que el grupo inauguró "oficialmente" su faceta política, y Walk on, ambos con sendas dedicatorias a la sociedad iraní y a la Nobel de la Paz Aung Suu Kyi, y un vídeo en el que aparecía Desmond Tutu hablando sobre el horror del apartheid, cubrieron la cuota de mensaje que el grupo nunca perdona. Acto seguido, One, La Balada de U2, electrizó a los espectadores. Estos conciertos tan sentimentales siempre dejan estampas tiernas. ¿Qué mueve a una persona a correr con una mano en el pecho y otra en alto para chocarla con un amigo dos filas más abajo? Por ejemplo, Where the streets have no name, que desbordó (más aún) la emoción entre los presentes cuando parecía que ya no era posible subir la intensidad. Ultraviolet, With or without you, infalible como siempre y uno de los instantes más sentidos de la noche, y Moment of surrender cerraron el concierto con mayores prestaciones musicales, junto al de Springsteen, de cuantos ha acogido el Estadio de la Cartuja.

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