La Música como proyecto de vida

Se despidió Lenonhardt de Sevilla con su genio y figura, con su gesto adusto, inexpresivo, de gesticulación reducida al mínimo y pidiendo que no se aplaudiese en todo el concierto. Alguien hubo que no se pudo resistir y el maestro alzó los brazos y mandó parar.

Todo un símbolo de cuanto el genio holandés supone de Historia viva, de pasado hecho presente, de la seriedad elevada a categoría metafísica. Una forma de vivir la música alejada de los extremos y de lo que para él pueden ser excesos expresivos y que a nosotros, a veces, acostumbrados como estamos a otros modelos interpretativos, nos resulta demasiado fría y demasiado atada al metrónomo y a lo escrito en la partitura. El himno de Purcell sonó plano y lento, al igual que el coro inicial de la BWV 7 de Bach. Más vivos fueron los tiempos del BWV 238 y, en general, toda la cantata BWV 125.

La Hispanoflamenca sonó con enmpaste y flexibilidad y sobresalió en la forma de apianar y de mantener la calidad sonora con dinámicas reducidas. Con los oboes en primera fila, la OBS lució mejor color y empaste que el viernes. Admirables sonaron Molly Marsh, Guillermo Peñalver y Mercedes Ruiz. Muy apurados por arriba estuvieron Bertin (calante) y Boesch y brillante y gran fraseador el tenor Juan Sancho.

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