Música para seguir la fiesta

Es un virtuoso, niño prodigio que lleva una carrera discográfica vertiginosa, a la que suma ahora su cuarta entrega que, como sus precedentes, viene cargada de pretensiones y formas barrocas: saxo, bajo eléctrico, coros, estribillos. Lo que destaca de Casares es la firmeza y seguridad de su pulsación, y su gusto por la melodía cantable. Así la rumba que abre este disco, tan parecida a otras firmadas por Niño Josele, Argentina u otros intérpretes actuales. Música amable para seguir la fiesta.

En la misma línea que sus precedentes, acentuándose y haciéndose más sólida, Caballero es un disco rotundo, de poderosa guitarra. Por supuesto que el intérprete gana cuando se adentra en las fórmulas modales y flamencas y se aleja de la radio-fórmula, es decir, de la rumba. Lo cual no quiere decir que en este registro no se muestre solvente aunque, por la lógica del estilo, más convencional. La guajira incluye un guiño a la tradición para lanzarse a las pistas de baile con el tres cubano. Pero es en malagueñas y tarantas, esto es en soledad, donde Casares demuestra su valía. Supera el reto con la veracidad del exceso, esto es, con la verdad del virtuoso que tiene 27 años y ganas de mostrar todo lo que sabe hacer. Nada que objetar.

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