Nostalgia de la maravilla

  • El Thyssen de Málaga inaugura el día 26 'Julio Romero de Torres. Entre el mito y la tradición', con una treintena de obras de todas las etapas del genio

Pocos misterios pueden compararse en la historia del arte español de los últimos dos siglos con el del cordobés Julio Romero de Torres (1874-1930), un pintor que, siendo fiel a los preceptos estéticos de su tiempo, parió a su vez una obra absolutamente original y distinta. Entre sus condicionales se cuentan los amantes del registro más tradicionalista y quienes no dudan en incluirlo entre las potencias inspiradoras de las vanguardias. En Romero de Torres se da lo viejo y lo nuevo, lo arcaico y lo premonitorio, y por eso la evolución de su trayectoria constituye un espejo de la propia evolución del arte español en un marco que supera ampliamente el de la propia vida del genio. La exposición que se inaugurará en el Museo Carmen Thyssen de Málaga el próximo día 26 bajo el título Julio Romero de Torres. Entre el mito y la tradición ahonda precisamente en esta idea: Romero de Torres no es uno, es muchos, y todos merecen ser tenidos en consideración a modo de panorámica en tanto que todos se sirven de alimento mutuo. Así lo confirmó ayer a este periódico la directora del museo, Lourdes Moreno, que adelantó que la muestra contará con una treintena de obras representativas de todas las etapas del autor: "Con este proyecto hemos logrado detenernos en argumentos muy concretos de la obra de Romero de Torres pero abarcando al mismo tiempo toda su cronología, desde sus primeros años hasta los meses previos a su muerte", puntualizó.

Moreno admitió que en los últimos años España ha contado algunas exposiciones consagradas a Romero de Torres verdaderamente ambiciosas, pero no dudó en situar a la que acogerá el Palacio de Villalón a la altura, como una de las más importantes. Buena parte de los cuadros, que comenzarán a llegar al museo en los próximos días, proceden de la misma colección de Carmen Thyssen, mientras que los lienzos de Romero de Torres que forman parte de la muestra permanente del museo malagueño (La Buenaventura, La monja y La Feria de Córdoba) se trasladarán a la exposición temporal. Entre las instituciones que han donado las obras que engrosarán la propuesta figuran, según la directora, el Museo de Bellas Artes y el Museo Julio Romero de Torres de Córdoba, "algunos museos nacionales y varios prestadores privados". La imagen seleccionada para la promoción es la del cuadro de 1925 Las hermanas de Santa Marina, que ya luce en la fachada de la pinacoteca. Como es habitual, la propuesta quedará completada con conferencias, publicaciones, talleres, visitas guiadas y el ciclo El sueño flamenco de Julio Romero de Torres, una oportunidad al cante en el patio del museo.

En cualquier caso, Entre el mito y la tradición representa el órdago con el que el Museo Carmen Thyssen pretende sobreponerse a un 2012 nefasto, en el que perdió más de 60.000 visitantes respecto al año anterior (lo que constituye una tercera parte de la afluencia registrada en los nueve meses de 2011 durante los que la pinacoteca se mantuvo abierta tras su inauguración) y en el que tanto los responsables del centro como su principal benefactor, el Ayuntamiento de Málaga, acusaron notables dificultades para hacer del museo lo que se había esperado de él después de una inversión municipal de más de 30 millones de euros. Romero de Torres será el gran reclamo veraniego del Thyssen, ya que la muestra podrá verse hasta el 8 de septiembre. Y es de esperar que, en plena temporada turística, el cordobés ejerza la atracción deseada tanto en cruceristas buscadores del tópico como en visitantes de aspiraciones más elevadas. Aunque no hay más opción que esperar para comprobar si el remedio al batacazo lleva, ciertamente, el nombre de Romero de Torres.

Moreno no dudó ayer en expresar su "entusiasmo" por la obra del pintor, en la que se dan cita "tanto el modernismo como el simbolismo en una transición permanente". Y no dudó en emplear el término síntesis para referirse a su arte, con verdadera razón. Aunque en sus obras comparecen las tendencias propias del paso del siglo XIX al XX en España, sin renunciar al costumbrismo, Julio Romero de Torres cita en sus retratos y paisajes lo pagano y lo cristiano, lo poético y lo esotérico, lo erótico y lo romántico, en una suma de energías en sorprendente equilibrio. Lo que más le distingue de otros pintores de su generación es lo que no muestra en sus cuadros, escenas capturadas de presuntos lances cotidianos en las que acontecen la magia y el misterio, como instantes en los que la existencia se detiene en algo más, algo eterno, incólume, sometido a nostalgia. A lo largo de su vida, el artista suscitó la admiración y el escándalo dentro y fuera de España, pero pocos testamentos hablan de un creador con la franqueza de La chiquita piconera. Ahora, el sortilegio se prolonga en Málaga. Y corresponderá comprobar su vigencia.

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