Nuevo oficio viejo

  • Diecisete años después del exitoso 'Officium', ECM publica la tercera colaboración entre Garbarek y el Hilliard Ensemble

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En 1993, Manfred Eicher, uno de los productores fonográficos más audaces del momento, imaginó una música nueva, que naciera de la mezcla entre un saxofonista de jazz y un grupo de polifonía vocal; la pura improvisación y el rigor de la exacta medida, considerados durante mucho tiempo mundos por completo aislados, casi agua y aceite, se fundirían así en una experiencia sonora diferente. Aquella idea se plasmó en el encuentro entre el noruego Jan Garbarek y uno de los conjuntos más célebres del tiempo, el Hilliard Ensemble, y en la publicación de un disco, Officium, que contenía música de Pérotin, Dufay, Morales y otros, un CD que, contra pronóstico, se convirtió en un auténtico superventas.

No es que no hubiera habido antes experiencias de fusión entre jazz y música clásica. Además, hoy sabemos que la improvisación no ha sido jamás algo ajeno a la música culta, sino que incluso ha sido fundamento esencial de su desarrollo. Pero es cierto que en ese terreno de la polifonía renacentista y medieval jamás se había experimentado con algo parecido. Garbarek y el Hilliard se hicieron con una tropa incontable de seguidores, muchos llegados de esa tierra de nadie que llaman new age, entonces en pleno apogeo. Pasados unos años, los implicados trataron de repetir éxito con Mnemosyne, un doble disco algo más complejo que el primero, que no tuvo su impacto.

El problema de este planteamiento es que, desvelado el misterio de una sonoridad que en su día fue original, y hoy lo es menos, el oyente busca asidero en la propia sustancia de la música, y ahí el público para este tipo de productos resulta ser mucho más específico, pues el material de partida se convierte en factor decisivo. Si con Officium todo parecía reluciente y nuevo hasta lo deslumbrante, con Officium Novum, tercera colaboración entre Garbarek y el Hilliard (que ha sustituido al tenor John Potter por Steven Harrold), el resultado es más previsible y parece especialmente pensado para los seguidores de las corrientes musicales cercanas al misticismo orientalista, pues aquí hay música de Arvo Pärt, cantos bizantinos y piezas tradicionales armenias arregladas por Komitas, aunque también un organum de Pérotin y ¡las Tres morillas!, esa hermosa cancioncilla del Cancionero de Palacio que parece fuera de este universo dominado por la música modal, un mundo en el que el saxo de Garbarek, quien también contribuye con dos obras propias, se siente cómodo, trazando ahora voces paralelas o doblando las originales, variando luego melodías principales o secundarias, divagando entre ritmos y armonías que se funden para luego romperse. Posiblemente, el diálogo entre los cinco músicos es ahora más fluido y diverso que en las anteriores entregas, pues el Hilliard es aquí capaz de actuar como un sólo organismo compacto, pero también de disolverse en unidades menores, pero este Officium Novum lleva en su seno las marcas de un estilo que ya empieza a estar caduco.

Jan Garbarek, saxofón. The Hilliard Ensemble ECM New Series (Diverdi)

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