Música clásica

Orden en el infinito

  • El segundo monográfico que Kairos dedica a Johannes Maria Staud cuenta con Simon Rattle y la Filarmónica de Berlín

El progresivo distanciamiento entre los compositores de tradición clásica y el público después de la Segunda Guerra Mundial está íntimamente relacionado con un desapego cada vez mayor hacia la creación contemporánea por parte de los grandes directores y los grandes conjuntos orquestales, anclados en un repertorio en el que se integraban con facilidad Stravinski, Bartók y hasta Schönberg, pero que tardó en asumir a los más jóvenes vanguardistas, quienes, acaso como arrogante reflejo, solían jactarse de su independencia, despreciando los medios de difusión vinculados al star system.

Esa doble actitud creó auténticos guetos que dificultaron notablemente la circulación de las obras sinfónicas contemporáneas, sistemáticamente desplazadas a ciclos y festivales específicos, donde habitualmente eran presentadas ante un público afín por directores muy especializados y conjuntos muy concretos, como las orquestas de las emisoras radiofónicas alemanas. Aunque es obvio que la situación ha cambiado notablemente, aún se sufren los efectos de aquel histórico desencuentro, hasta el punto de que cada vez que una de las más grandes y prestigiosas orquestas del mundo dedica su atención a grabar música de un compositor joven el hecho adquiere ribetes de gran noticia.

Hombres como Simon Rattle trabajan por que esta situación se asuma con normalidad. Mientras estuvo en Birmingham, Rattle hizo que nombres de músicos británicos como Nicholas Maw, Mark Anthony Turnage o Thomas Ades engrosaran el catálogo de EMI. Desde que está al frente de la Filarmónica de Berlín, su empeño por difundir las creaciones de los compositores jóvenes no ha cesado, como demuestra este CD que presenta el sello Kairos, el segundo que dedica monográficamente al austriaco Johannes Maria Staud (Innsbruck, 1974), que gira en torno a Apeiron, obra encargo de la orquesta berlinesa, que la estrenó en la capital alemana el 15 de junio de 2005 y que forma una especie de díptico con Peras, para piano solo, que formaba parte del mismo encargo.

"Apeirón" es término griego que Anaximandro usó para referirse a algo indefinido que no era ni agua ni tierra ni aire ni fuego, pero estaba al principio de todo. Aristóteles le atribuye el carácter de lo ilimitado, de lo infinito. "Peras" viene a ser su opuesto: lo determinado, lo limitado, el orden. Son los dos conceptos con los que juega el compositor austriaco en estas obras. La orquestal está escrita para 101 ejecutantes y se divide en seis secciones que se interpretan sin interrupción y crean una estructura compleja, que parece no tener límites, y va de la instrumentación por grupos a la orquestación masiva, del silencio a las explosiones sonoras en tutti, de la más extraordinaria densidad polifónica al simple juego de timbres. En Peras, que toca Marino Formenti, domina en cambio el estatismo de los elementos. El disco se completa con otras tres piezas, en las que se combina el sentido dramático con un lenguaje más hermético: Incipit III (Esquisse retouchée II) de 2005 para trombón, orquesta de cuerdas, dos trompas y percusión, y Violent Incidents (2004), para saxofón solo, conjunto de vientos y percusión, son tocadas por la Orquesta de la Radio de Colonia dirigida por Lothar Zagrosek; y Towards a Brighter Hue (2004), para violín solo, llega en interpretación de Ernst Kovacic.

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