Los Oscar, en su noche más abierta

  • 'The Artist' parte como favorita, aunque la nacionalidad francesa de la cinta podría jugar en su contra · La Academia intenta enderezar el rumbo de la gala con el veterano Billy Cristal como maestro de ceremonias

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Los Oscar llegan hoy a su 84 cumpleaños bastante descafeinados. Uno de los hitos de la temporada catódica, que conseguía picos de audiencia espectaculares, lleva unos años en decadencia como espectáculo televisivo, quizás porque la proliferación de premios previos consigue que cuando lleguen los Oscar ya suene todo a rutina. Parte de la responsabilidad la tiene una ceremonia que se ha quedado anquilosada, y que ya no sabe como mantener a la gente delante del televisor tres horas largas. Los recientes intentos de darle dinamismo han fracasado, como la idea de refrescarla el año pasado con Anne Hathaway y James Franco para conducirla. Las críticas fueron tan feroces que la Academia ha optado este año por buscar la seguridad de un añorado veterano, Billy Crystal, fichado tras fallar Eddie Murphy.

Hay un segundo punto en que los Oscar se muestran muy despistados, como es en sus nominaciones, o mejor, en sus ausencias. Es sangrante el divorcio entre la Academia y los festivales internacionales. Así, la extraordinaria Drive, premio al mejor director en Cannes, filme alabado por la crítica, sólo ha recibido una pobre candidatura a su sonido; y asombra que otro largometraje intenso, el Shame de Steve McQueen, premio al mejor actor en Venecia para el grandísimo Michael Fassbender, ni siquiera haya encontrado un hueco en la categoría de mejor actor, cuando Fassbender ha demostrado un talento fuera de serie para lo que le echen (desde el Magneto de X-Men primera generación hasta el Jung de Un método peligroso) y debía haber visto impulsado su annus mirabilis con alguna merecidísima candidatura.

¿Y que tenemos en cambio entre las presencias? Nos queda el fenómeno The Artist: a la Academia le puede enganchar su recuperación de la estética muda, su historia de cine dentro del cine y su condición de proyecto suicida que contra todo pronóstico ha funcionado y cada día engancha a más gente. Pero es una cinta completamente francesa, sin ningún capital americano, y resultaría un gesto de impotencia por parte de Hollywood coronar un título extranjero, que además viene del país más combativo con los intentos de monopolio de las majors. Así que tal vez su actor, Jean Dujardin, sea su mejor baza (aunque debieran darle un premio especial a su perruno compañero de reparto). Puede que el voto se derive hacia otra propuesta cinéfila, como es la recuperación de George Méliès que hace Scorsese en La invención de Hugo, con la valoración añadida de que la Academia recompense los deseos de reinventarse de un clásico como es el neoyorquino. Y en la retaguardia, como candidato de reserva, uno de los filmes más tramposos de la temporada, Los descendientes, que puede beneficiarse de tanta duda. El film de Payne explota esa perniciosa tendencia de cierto cine americano actual de vender historias reaccionarias (el conflicto lo centra una adúltera a la que todos crucifican pero no se puede defender porque está en coma) con los ropajes de presuntas comedias sofisticadas. Pero atentos a la jugada, porque puede colar.

Y es curioso, porque la Academia tenía a mano una excelente opción, como es Moneyball. Tiene candidaturas mayores, pero el hecho de que su director no haya sido nominado le resta muchas opciones. En cuanto a los morbos de la noche, hay varios en juego: ver rivales a dos grandes amigos como son Brad Pitt y George Clooney, comprobar si Viola Davis es capaz de arrebatarle a Meryl Streep un premio que ya no parece tan cantado como hace unas semanas (ambas fueron compañeras de candidatura hace unos años por su trabajo en La duda) y si Hollywood concederá el galardón a mejor película en lengua no inglesa a la iraní Nader y Simin, una separación, un filme extraordinario que se ve beneficiado de la ausencia de otros filmes que podían haberle planteado competencia, como Le Havre, de Kaurismaki. Lástima que no haya podido asistir a la fiesta al final Pa negre, pero al menos tenemos a Alberto Iglesias y Chico & Rita para defender el honor nacional esta noche, que es la más abierta en años y donde cualquier cosa puede ocurrir.

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