Parar, templar, mandar, expresar

Ciclo 'Jóvenes intérpretes'. Programa: Preludio y fuga nº 1, de J. S. Bach; Sonata op. 57, en Fa menor, 'Appassionata', de L. van Beethoven; Dos nocturnos op. 32, Baladas nº 3 y 4, de F. Chopin. Piano: Sara Requena. Lugar: Teatro de la Maestranza (Sala Manuel García). Fecha: Jueves, 15 de diciembre. Aforo: 80 personas.

Procedente de esa espléndida cantera de jóvenes pianistas que es el Conservatorio Manuel Carra de Málaga, Sara Requena demostró anoche la solidez de la formación técnica que el cuerpo de profesores de dicho centro ofrece a sus alumnos. La pulsación fue siempre precisa, sin apenas errores, lo que no es poco hablando del programa al que se enfrentó. Se mueve con soltura en la rápidas figuraciones y su virtuosismo salta a la vista. Así lo demostró, especialmente, en la Balada nº 4 de Chopin, la obra quizá más lograda del recital, donde logró un fraseo que clarificó a la perfección las voces y las texturas, especialmente al final.

Otra cosa, en cambio, fue todo lo relativo al estilo y a la expresividad de cada pieza. Para empezar, afrontó un Bach denso, musculoso, muy a la romántica, sobrado de rubato, poco ágil y muy mecánico en la fuga. En la Appassionata se excedió en las dinámicas y en la espesura del fraseo, poco claro y redundante (la acústica de la sala tampoco ayudaba) y con escaso juego de pedal. Las frases, aquí como los nocturnos de Chopin, se desplegaban con premura, de forma precipitada y sin las matizaciones ni acentuaciones que dan sentido al discurso musical.

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