Perera cuaja una gran faena, malograda por la espada, en Lima

  • El torero extremeño es aclamado en una tarde en la que Sebastián Palomo tiene un debut discreto y Villafuerte falla

El diestro extremeño Miguel Ángel Perera instrumentó una gran faena al quinto, pero pinchó en la última corrida de la feria del Señor de los Milagros en la plaza de Acho de Lima. El peruano Freddy Villafuerte estuvo opaco y el madrileño Sebastián Palomo Danko mostró garra y condiciones, mientras que los toros mexicanos de Teófilo Gómez no ofrecieron las condiciones para triunfos de clamor. Se lidiaron un toro de Fernando de la Mora, primero, y cinco de Teófilo Gómez, de correcta presentación, a excepción del quinto. Bueno el De la Mora y el quinto de la tarde de humillada embestida. Los demás tardos, con poca movilidad, blandos y sosería evidente. Freddy Villafuerte, silencio y bronca tras aviso. Miguel Ángel Perera, silencio y vuelta entre aclamaciones. Sebastián Palomo Danko, silencio tras aviso y ovación con saludos.

Al toro mexicano, que suele salir suelto en los inicios de su lidia, hay que obligarlo más a embestir, sobarlo, colocarle la muleta a la distancia justa para que no proteste en el muletazo y no agobiarlo con indecisiones. Eso fue lo que hizo Perera al quinto en una faena que fue a más al colocarse siempre en el lugar adecuado, llevarlo largo en sus humilladas embestidas y dejarle siempre la muleta en la cara para aprovechar esas rachas típicas del ganado mexicano. Así logró cuajar series portentosas por ambos pitones, entre el júbilo de los aficionados que venían siendo defraudados por lo que ocurría en el transcurso de la corrida. En su primero dibujó buenos muletazos, aunque no todas las series fueron redondas.

Freddy Villafuerte no consiguió calentar al público en su primero y en el cuarto no estuvo bien y su trasteo fue indeciso. El público tuvo poca paciencia y Villafuerte lo resintió viniéndose abajo.

Sebastián Palomo Danko, en su debut en América, estuvo correcto en su lote. Aún se le nota en proceso de maduración.

La feria se cerró con un saldo muy regular y la convicción de que la ganadería mexicana no está en su mejor momento y carece de la vibración, de la casta que genera emoción en los tendidos.

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