Placer, dolor, pasión, amor, teatro

Las necesidades de programación del Lope de Vega nos han dado la oportunidad de vivir una de las experiencias teatrales más satisfactorias jamás soñada. Al estar ocupado el escenario del teatro con los preparativos del estreno absoluto, en Sevilla, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, la semana que viene, se ha tenido que habilitar el salón de los espejos del Casino de la Exposición para la representación de la obra escrita y dirigida por el argentino Daniel Veronese.

La exquisita versión de Tío Vania cuenta con un elenco interpretativo al que el público pudo seguir a un metro de distancia. Con una precisión endiabladamente perfecta, los actores, todos maravillosos, desplegaron, casi rozándonos, una magistral clase de interpretación que provocó el asombro, las risas y los llantos de no pocos espectadores.

La experiencia fue doblemente insuperable, la primera porque la versión escrita por Veronese es un prodigio de metateatro, respeto al original y sapiencia de las nuevas necesidades teatrales. Y segunda porque la casualidad (¿o no?) ha hecho que el momento teatral se convirtiese en una comunión entre un público que se entregaba poco a poco y unos actores que casi se confundían con los espectadores.

Sin apenas artificio escenográfico, la obra comienza con una exposición de las teorías dramaturgicas de Daniel Veronese lo que puede despistar al que va avisado a que asistirá a una versión de Tío Vania. Pero, muy pronto, las cosas se ponen cada una en su sitio y empezamos a reconocer a los personajes que salieron de la pluma de Chejov. Si me permiten, un consejo: es mucho mejor olvidarse del original (que me disculpe el ruso) y dejarse llevar por la versión del argentino que, por momentos, llega a resultar hipnótica. Por último, volver a rendir mi más sentido respeto y homenaje por el trabajo espectacular de Núñez, Figueras, Subiotto, Llosa, Sabater, Lubos y Bestelli.

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