Ponce: "Me he quedado con ganas de venir otra tarde a Sevilla"

  • El valenciano dice haber disfrutado del triunfo y lamenta no haber rematado la faena del segundo

Con buen sabor de boca se fue Enrique Ponce anoche de la Maestranza después de llevarse el triunfo de la tarde. El octavo festejo del abono le dejó una merecida oreja por la lidia al primer toro que controló con suavidad y estética. Reconfortado y tranquilo, el valenciano transmitía tras su llegada a la habitación del hotel donde se hospedaba su gran satisfacción. "Me llevo muy buenas sensaciones", arrancaba el diestro a la hora de valorar su actuación frente a las reses del hierro de Juan Pedro Domecq.

Ponce se gustó especialmente con el primer toro del lote, que le brindó el triunfo. Con enorme suavidad y temple, el diestro de Chiva se deleitó haciendo una faena milimetrada. "Lo he toreado despacio y a compás. Le he puesto el alma en cada muletazo y he podido sentir el toreo que me gusta y tenía ganas de hacer. Ha sido una faena muy del corte de la afición de Sevilla, en la que he ido poco a poco al principio para que el animal cogiera camino y así conseguir que el toro fuera ganando más recorrido en cada muletazo", señalaba.

Aunque obró las mejores series con el pitón derecho, tuvo menos opciones en el lado contrario: "Por el izquierdo los muletazos han sido complicados porque el toro se tragaba el primero pero luego reponía y se metía por dentro. Ahí le ha faltado un poco más de clase porque echaba la cara arriba y punteaba", relataba.

Contento, se queda con varios instantes de gran delicia de esta faena de apertura: "Hubos momentos muy bellos, de cambios de mano muy despacio, de muletazos con la mano derecha, pases de pecho que han sido eternos y los ayudados por bajo", añadía.

Al cuarto toro bis -su segundo- le faltó, sin embargo, lo que sí tuvo su predecesor. "Es una pena que no haya ayudado un poco más para rematar una tarde que se había encauzado muy bien", indicaba. El lidiador describía los múltiples defectos encontrados: "Desde que ha salido no quería cuentas con los caballos, mostrando síntomas de poca raza; en el capote se frenaba y se desentendía; y en la faena he procurado alargarle los muletazos en el sitio para empujar cada embestida, pero se quedaba por debajo y no permitía la continuidad".

Su paso por Sevilla, con un solo compromiso este año, le sabe a poco: "La verdad es que me he quedado con ganas de más y de venir otra tarde. Me llevo ese regusto, la gran entrega de la afición y haber lidiado un toro como aquí gusta. Lo de menos son las orejas, que podían haber sido dos. Lo importante ha sido sentir lo que hacía", confesaba.

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