Profetas sevillanos en París

  • La gira de la Orquesta Barroca de Sevilla por Francia tuvo su apogeo el viernes 11 en la Sala Gaveau de París, donde el conjunto fue aclamado con vehemencia

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"Sinceramente, nunca pensé que pudiéramos llegar aquí". Emocionado hasta las lágrimas, Ventura Rico, auténtico alma máter de la Orquesta Barroca de Sevilla, se expresaba así la noche del pasado viernes, justo después de que el conjunto que él mismo fundara en 1995 acabase de debutar triunfalmente en la histórica Sala Gaveau de París. Inaugurada en 1907, por lo que en la presente temporada celebra su centenario, la Sala conserva en sus antiguas butacas (con capacidad para 1.020 espectadores), su coqueto escenario, su decoración modernista y su espléndida acústica, el aroma y el sabor que dejaron en ella los míticos solistas (Casals, Cortot, Thibaud, Long, Enesco, Kreisler, Backhaus, Munch, Landowska, Serkin, Tortelier, François...) que la frecuentaron durante los años más gloriosos de su convulsa historia.

Para la visita del conjunto sevillano, este templo de la música situado en pleno centro histórico de París, junto a los Campos Elíseos, estaba lleno a rebosar de un público entendido y respetuoso, dispuesto a disfrutar con el más popular oratorio de Haendel, El Mesías, que ofrecían, junto a la OBS, la soprano Cornelia Samuelis, el contratenor Carlos Mena, el tenor Markus Schäfer, el bajo Thomas Bauer y el Coro Arsys-Bourgogne, todos dirigidos por la experimentada batuta del luxemburgués Pierre Cao. "Estábamos convencidos de que iba a salir bien, pero no esperábamos una reacción tan entusiasta del público", afirma exultante Rico. Francamente era difícil imaginar una presentación más lucida y exitosa en la capital francesa. Fueron casi 13 minutos de aplausos, palmas rítmicas y aclamaciones ininterrumpidos antes de la propina (el celebérrimo Aleluya, con los solistas integrados en el coro), para saludar una interpretación en verdad estupenda de la magna obra haendeliana.

Si desde sus inicios la Orquesta Barroca de Sevilla se ha distinguido por un nivel de excelencia artística que rara vez se ha rebajado por debajo del notable, la noche del 11 de enero el conjunto sonó especialmente redondo, ajustado, cálido, intenso. "La gira que habíamos hecho por España en diciembre se ha notado. La obra la conocíamos muy bien y todos estábamos muy motivados". En efecto, seis Mesías (tres de ellos participativos, junto a coros de aficionados) entre el 10 y el 16 de diciembre habían ofrecido estos mismos intérpretes por Sevilla, La Coruña, Madrid, Palma de Mallorca y Gerona antes de extender la gira por Francia con otras tres actuaciones del 10 al 12 de enero.

"Llegamos el día 9 a Dijon con algunas dudas", confiesa Rico, "porque no íbamos a tener mucho tiempo para arreglar los posibles desajustes. Pero enseguida nos dimos cuenta de que el rodaje de diciembre era suficiente. Pierre Cao, que es un maestro excelente para los ensayos, ha trabajado la obra con entusiasmo y la conocía a la perfección, así que como la base la habíamos construido ya, pudimos concentrarnos en pulir los detalles". La noche del día 10 el Teatro de Lons-Le-Saunier, una localidad no lejana a la frontera suiza y célebre por sus balnearios, sirvió de excelente banco de pruebas, de inmejorable pórtico para el desembarco en París. Fecha histórica, en cualquier caso, la del jueves 10 de enero de 2008, que no olvidará nunca ni Ventura Rico ni los miembros más veteranos de la OBS, pues era la primera vez que el conjunto daba un concierto fuera de España.

Pero el día que todos los participantes en este proyecto habían marcado con lápiz rojo en sus calendarios era el del viernes 11, el de la conquista de París. "La orquesta está en el momento más importante de toda su historia", continúa Rico, "que sepamos aprovecharlo o no, ya es otra cuestión, pero esta cita era para nosotros fundamental. Tenemos un hándicap terrible, y es que nos cuesta mucho que nuestro nombre se oiga, y actuar en París, en un espacio mítico como éste, con los críticos de los medios más importantes de la ciudad presentes en la sala, era una oportunidad extraordinaria... y que todo haya salido de esta forma, con esa reacción apasionada y calurosa del público, es casi un sueño".

Conocedor de todos los recovecos de la partitura, Pierre Cao delineó una interpretación de extraordinario vigor y vitalidad, con acentos muy marcados, tempi en general rápidos y discurso muy articulado, un estilo que conviene especialmente bien a la audaz orquesta sevillana, que no ha perdido (¡y ojalá no pierda nunca!) esa especial complicidad entre sus miembros, ese entusiasmo, esa contagiosa forma de disfrutar haciendo música que sus seguidores conocen tan bien desde sus inicios. El coro Arsys, que Cao fundó en 1999, mostró además un admirable estado de forma, por equilibrio, profundidad y delicadeza (esas sopranos que parecen levitar por encima de la música, sin un solo grito), y los solistas encajaron a la perfección en el concepto, vibrante e irresistible, de la interpretación (mención destacada merece sin duda Carlos Mena, gran amigo de la OBS, que volvió a bordar su parte).

"¿Quién nos iba a decir esto hace sólo siete años?", comenta Rico camino de Sens, en la Borgoña, donde la orquesta cierra su (primera) aventura francesa. "Con lo cerca que estuvimos tantas veces de desaparecer". Esas dudas (permanentes) sobre su continuidad parecen gravitar por la noche en la Iglesia de St. Pregts, donde la orquesta saca toda su rabia y Arsys (tal vez espoleado porque actúa en casa) exhibe al máximo su potencial sonoro. El éxito es de nuevo clamoroso. ¿El futuro? "Seguir trabajando como hasta ahora. No podemos permitirnos el lujo de rebajar nuestro nivel de exigencia. Y, por supuesto, crecer. A veces, para ser profeta en tu tierra tienes antes que conseguir triunfar fuera de ella". ¿Cuántas veces hay que triunfar para ser considerado profeta?

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