Pura elocuencia

Guitarra, composición y dirección: Manuel de la Luz. Flauta y guitarra: Fran Roca. Piano y bajo eléctrico: Cristian de Moret. Cante: Olivia Molina, Carmen Molina, Helga Molina. Percusión: Diego Amador jr. Lugar: Sala B del Teatro Central. Fecha: Sábado 30 de mayo. Aforo: Lleno

Destacan en este tocaor la seguridad de su digitación junto a la contundencia, a la vez que gracilidad, de su impulso rítmico. Por eso, en la presentación de su primer disco en solitario, abundaron los estilos rítmicos, soleá, bulerías y fandangos de Huelva, aunque también pudimos escuchar tarantas y granaínas, que nos ofrecieron su cara más intimista.

Me gusta más este perfil cercano y natural de Manuel de la Luz. Aunque algunos intérpretes, también de baile y de cante, utilizan el ritmo para ocultarse, para no mostrarse, no es ese el caso de este intérprete. No obstante, los paisajes desnudos de la granaína y, sobre todo, de la taranta, fueron lo mejor de la noche. De la Luz tiene la habilidad de aunar en la misma frase musical el legado clásico con un discurso muy contemporáneo. Conoce la tradición pero la pone al día. Nos habla, a los hombres y mujeres de hoy, con un lenguaje actual. Y personal. Del lirismo a la ira más fiera.

El tocaor tiene muy claro el mensaje que quiere transmitir y por eso se expresa en una estructura inapelable. Los temas comienzan de una forma súbita, antes de que el espectador tenga plena consciencia de que el tocaor ya está comunicando. Cada toque es un discurso que retoma el hilo de algo que se estaba diciendo ayer. Por eso es un lenguaje tan próximo, tan natural. Aunque se presenta en composiciones cerradas, poderosas.

Manuel de la Luz es más original con su guitarra a solas, donde muestra un discurso sin fisuras, pese a cierto aparente titubeo provocado por los nervios. Pero es sólo apariencia. La música del onubense es pura elocuencia. También sobrecogió en la contundencia de la soleá.

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