Cine

Rugidos de grandeza

  • Debate publica la voluminosa y definitiva biografía de Scott Eyman sobre el gran magnate cinematográfico de la MGM

La de Louis B. Mayer (1882-1957), cabeza visible de la todopoderosa MGM en la época dorada del Hollywood de los estudios, es la misma historia, sólo que más grande e iluminada con más focos, de tantos inmigrantes europeos de origen judío que encontraron en Estados Unidos la tierra de promisión, prosperidad y éxito que los iba a convertir en los magnates más poderosos de la industria del entretenimiento.

Nacido en Minsk, capital hoy de Bielorrusia, Eliezer Meir, tal era su nombre antes de cambiarlo para borrar las huellas de su origen humilde, Louis Burt Mayer se ha labrado una de las biografías más extremas y enjundiosas de show bussiness norteamericano, cuyas líneas maestras suelen insistir en dibujarlo como el prototípico hombre hecho a sí mismo desde sus días en el desguace de chatarra naval de su padre, visionario inversor en el negocio de las salas de espectáculo en Nueva York en la primera década del siglo XX, productor independiente que vio en las "películas limpias y morales" un negocio sin fronteras, como el empleado con el sueldo más alto de Estados Unidos, como un tirano despótico, irascible, maquiavélico e inculto parapetado detrás de su puro y una mesa ovalada en su despacho del estudio (véase el retrato paródico que de él hicieron los Coen en Barton Fink), como un hábil manipulador de sus súbditos y empleados, que no osaban jamás llevarle la contraria.

Pero también como mente preclara para organizar su empresa y convertirla en la más importante del negocio, para gestionar sus recursos, sobre todo aquellas estrellas fulgurantes (los Gable, Tracy, Crawford, Harlow, Garbo o Garland) que hicieron de la MGM un firmamento terrenal en los años 30 y 40, aunque para ello hubiera que recurrir a prácticas publicitarias poco ortodoxas como matrimonios arreglados, escándalos provocados o secretas alianzas con las fuerzas del orden o la censura.

Especialista en personalidades míticas de Hollywood (Print the legend. John Ford), Scott Eyman dedica más de 700 páginas a glosar la figura de Mayer poniendo encima de la mesa su lado más siniestro junto a su innegable talento para haber reinado en el periodo de mayor esplendor de la Hollywood. Eyman viene a reivindicar así cierta mitología del magnate, del hombre de negocios "agresivo para sobrevivir y despiadado para prosperar" que sacrifica su propia humanidad por la eficacia y el beneficio.

En este retrato, Mayer aparece como el productor de cine de su generación que mejor supo entender y adelantarse a los gustos de las masas que pagaban su entrada por ver películas; también como el jefe de estudio que mejor supo organizar los equipos de producción para el trabajo en serie a través de los géneros y en torno a las estrellas. Surge aquí también el perfil de un hombre semianalfabeto de gustos sencillos (sus géneros favoritos eran la tragedia romántica, la comedia sentimental y los musicales) al que le encantaban los héroes fanfarrones y carismáticos como Lionel Barrymore; un tipo narcisista, vehemente, maniaco, republicano fiel, el prototipo del auténtico capitalista que quiere ofrecer siempre el mejor producto a sus clientes; el defensor de los valores familiares y de una recta moralidad de ficción que él mismo no fue nunca capaz de mantener en su vida privada. Un firme creyente en la fantasía, en las películas que idealizaban a los hombres, las mujeres y el mundo en el que vivían. Las que él produjo en la MGM durante más de tres décadas de gloria.

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