Rumanía declinada en presente

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Desde su atalaya como evento sancionador de modas, autores y tendencias, el Festival de Cannes nos ha obligado a mirar recientemente hacia Rumanía como último bastión de un cine europeo que agoniza disperso y desdibujado entre fórmulas audiovisuales coyunturales o de probada eficacia mimética. Saltándonos directamente al padre de la criatura, Lucien Pintilie, director que, primero desde dentro (Domingo a las 6, La reconstitución), luego desde el exilio (El roble), levantaba acta de un cine rumano de calidad y valor estético, desde el Festival de Cannes nos llegaron sucesivamente La muerte del señor Lazarescu (2005, Cristi Puiu), 12:08 Al Este de Bucarest (2006, Corneliu Poromboiu), ganadora de la Cámara de Oro, y esta 4 meses, 3 semanas, 2 días de Cristian Mungiu que, sorprendentemente, se hacía con la Palma de Oro en la pasada edición, premio que se ha visto refrendado por la crítica internacional e incluso por la Academia Europea del Cine. Tres cintas que, desde un cierto rigor formal que trascendía las limitaciones de la producción, iban a fijar su objetivo en la denuncia, más o menos irónica, más o menos seria, de la falta de libertades y el estado policial durante los siniestros años de la dictadura de Ceaucescu, o sea, ayer mismo.

Resulta, por tanto, complicado, escindir el valor de este cine de su revuelo mediático y de un contexto geopolítico (de descubrimiento) favorable, un revuelo no exento de cierto complejo de culpa y compensación, como así lo demuestran los numerosos artículos sobre Rumanía y su pasado reciente que, a raíz del éxito de la película de Mungiu, aparecen estos días en prensa, justo al mismo tiempo en que proliferan también otros titulares que han convertido a los numerosos inmigrantes rumanos de nuestro país en carne de estadísticas no especialmente alentadoras.

Sin embargo, y más allá de su voluntad denunciatoria y socio-política, expresada en un conseguido estado de asfixia, miedo y vigilancia continua que sobrevuela cada rincón y cada escenario del filme, de lo público a lo privado, 4 meses, 3 semanas... se asienta como un filme de innegable interés cinematográfico en su apuesta por un realismo que, a su manera, se aleja de los clichés y la fórmula habitual de cierto cine europeo delimitado por Loach y sus epígonos, ese híbrido rígido y severo que se reviste de las hechuras del docudrama y se apuntala con las ataduras de un guión de hierro y que hace tiempo agotó ya su eficacia por la insistencia en una vocación sermoneadora a la que se le veían demasiado las costuras.

En un terreno más abierto y flexible, el sistema realista de Mungiu apuesta por la concentración narrativa (todo ocurre en apenas unas horas, un tiempo que adquiere pronto una peculiar dimensión trágica), por un relato que se declina en presente de indicativo, conducido siempre por la presencia en pantalla del personaje femenino que interpreta Anamaria Marinca, a través del distanciamiento justo -evidenciado incluso a través de algunos gestos de cámara explícitos- sobre lo narrado desde una puesta en escena de planos largos, fijos o sostenidos, por el despojamiento de los habituales trazados dramáticos y de perfil de personajes (demasiado visibles, tal vez, en el caso del excesivamente locuaz Sr. Bebe), situándose y situándonos siempre en un lugar concreto y abstracto a un tiempo, necesariamente incómodo, que nos hace partícipes de la particular odisea de dos mujeres para abortar en la clandestinidad. 4 meses, 3 semanas... inscribe así a su manera y en un contexto insólito una cierta herencia de la crónica rosselliniana, una apertura al desplazamiento, al descubrimiento a través de la cámara, a la revelación, desprovista aquí de toda connotación mística, que apunta a la denuncia de un pasado que, precisamente, se conjuga en presente gracias a la precisión y el despojamiento de la puesta en escena. Un presente, todo sea dicho, alterado y enturbiado por un suspense algo artificioso en la parte final, y por el dudoso gesto explícito de mostrar lo que nunca debió ser mostrado en la controvertida escena del cuarto de baño. Saquen ustedes mismos sus conclusiones al respecto.

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