Saburo Teshigawara baila en la luna

  • El japonés presenta hoy en el Central 'Glass Tooth', una obra "abstracta y emotiva" en la que danza sobre cristales rotos

Una sensación onírica y desasosegante, la de tener cristales rotos en la boca, inspiró Glass Tooth, el nuevo espectáculo de Saburo Teshigawara, coreógrafo, bailarín, artista plástico y profesor de Psicología que estrena hoy en Sevilla -en la única fecha en España y una de la media docena de actuaciones en el resto de Europa- una obra "abstracta", "emotiva" y "muy arriesgada", pues el japonés baila literalmente sobre cristales rotos sin más protección que la de los habituales calzados de ballet. A cambio, dice, él se siente como si estuviera bailando "en un medio distinto, en el mar o, por ejemplo, en la luna".

El singular artista llega al Teatro Central después de que lo hiciera Impressing the Czar, un montaje con coreotrafía de William Forsythe, con el que Teshigawara ha trabajado. Manuel Llanes, director artístico del espacio de la Cartuja, aprovecha la coincidencia para saludar el regreso al teatro del japonés, "un nuevo maestro" y un coreógrafo "revolucionario".

Teshigawara llevó aún más lejos su imaginación y pensó durante mucho tiempo cómo se sentiría si sus dientes fuesen de cristal, lo que inspira el título del espectáculo. Al bailarín le fascina el vidrio, un material con el que se consigue ver "a través de una pared" y que, al romperse, se convierte en "fragmentos de luz y de tiempo". El aire, la respiración, la voz humana -en forma de gritos y susurros- son también elementos fundamentales en este montaje, que estará dos días en cartel.

Dice que intentará que el público experimente "sentimientos psicológicos de calidad", y en este punto se refiere a la sinestesia, ese tropo que sirve para hablar del color de la música o de la temperatura de una pintura. "Se trata -afirma- de sentir el espectáculo en dimensiones distintas". Bailar sobre cristales rotos, escuchar el ruido que producen al romperse bajos sus pasos, explica, le ayuda a conocer sensaciones "únicas" que son mucho más importantes que el "desafío" en sí.

A Teshigawara le acompañarán en escena algunos de los bailarines de su compañía, Karas, entre ellos Rihoko Sato, su asistente coreográfica.

El japonés no se reconoce seguidor de la escuela estadounidense ni de la europea, los dos focos esenciales de la danza contemporánea. Para él, el arte consiste en "crear algo nuevo, sin garantías". Cuenta que le llevó diez años conseguir algo parecido. Comenzó formándose en el ballet clásico; de él aprendió conceptos matemáticos y geométricos, pero nunca logró que le gustara El lago de los cisnes. Tenía "mucha más sed" que eso, dice. "Dejé la escuela, y me sentí aislado durante mucho tiempo. Empecé a respirar, a sentir mi propia gravedad. Quería crear mi propia técnica, como quien se sienta a escribir. No me interesaba dar grandes saltos de diez metros, sino conocer mis propios pasos contenidos y mi propio ritmo de la vida".

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